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Volvió al tablado: Emilia Díaz, su regreso a Carnaval con Doña Bastarda y un personaje inspirado en la ministra Arbeleche

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Volvió al tablado: Emilia Díaz, su regreso a Carnaval con Doña Bastarda y un personaje inspirado en la ministra Arbeleche


Dicen que siempre se vuelve a los lugares donde se fue feliz. Pasaron dos décadas, pero Emilia Díaz volvió al Carnaval después de su última actuación en Curtidores de Hongos, allá por 2002. Y la fiesta la recibió de brazos abiertos.

La definición fue más o menos así: Pablo “Pinocho” Routín anunció en su cuenta de Instagram en setiembre que estaba en camino al primer ensayo con Doña Bastarda, donde se encarga de la puesta en escena.

“¿Hay lugar ahí?”, escribió.
“¿Me estás hablando en serio?”, respondió él, incrédulo.

Esa misma semana estaba reunida en un bar con Carlos Abellá, director responsable de la murga, e Imanol Sibes y Camilo Abellá, sus directores artísticos. “Tenían todo el espectáculo pensado, avanzado incluso en letra, me lo mostraron, me lo cantaron con entusiasmo y amor”. Y ahí mismo definió que sería parte de la murga «sin padres, ni padrinos».

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Es el primer tablado de la segunda noche de febrero. Doña Bastarda acaba de bajar del escenario en el Monumental de la Costa y antes de subir un parodista de Caballeros abraza a Emilia Díaz. “Te queremos siempre en esta fiesta”, le dice, mientras le sonríe con las manos entre las suyas. Camina unos pasos y antes de la puerta la detiene una señora que le agradece que haya devuelto el humor gestual a la murga, y antes de subirse al ómnibus una mujer la alienta con un puño levantado. Definitivamente, está de vuelta.

Horas antes de pintarse la cara recibió a El Observador para hablar de su regreso, de la fiesta popular, la repercusión del fenómeno de Varones Carnaval y la construcción de su personaje Achurena, inspirado en la ministra de Economía y Finanzas Azucena Arbeleche, con el que se convirtió en tendencia en redes sociales.

A continuación un resumen de la conversación.

¿Por qué tomaste la decisión de volver al Carnaval 20 años después?

La primera razón fueron mis hijos. Vicente fue con 20 días de nacido al tablado con algodoncitos en los oídos, y Felipe con 3 o 4 meses. Quería que vivieran la fiesta por dentro: que vieran de qué se trataba, cuánto tiempo llevaba de ensayos, que fueran al club, que se aprendieran la letra. Siempre me emocionaron los murguistas que cantaban con sus hijos con el mismo vestuario, y los enanos copiando los gestos. Creo que es una transmisión cultural fundamental que está en el ADN de nuestra comunidad. Si pueden vivir con intensidad y con alegría el carnaval uruguayo, creo que podríamos llegar a empatar esa cultura de youtubers que consumen los niños y niñas ahora. Capaz soy muy optimista. Otro de los motivos es que tenía ganas de volver a mover el cuerpo, de sentirme cantando con otros compañeros y compañeras, volver a crear escénicamente, volver a ponerme en ese desafío de creatividad y de compromiso. Que es un compromiso cultural, ético y político.

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Emilia se pierde entre el movimiento bajo del tablado. Va, viene, se pone el traje mientras calientan la garganta. Su familia la acompaña. Minutos más tarde la observan con atención desde la platea. En cada movimiento, cada chiste y cada palabra. Cantan junto a ella la retirada, están ahí para verla.

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¿Qué aspectos evaluás para sumarte a un proyecto como este?

El texto es importante para mí. Casi tan importante como el texto son los compañeros, la relación que haya tenido con quiénes están en escena o la impresión que tengo del trabajo en el que han estado. Pero me importa más el entre bambalinas: el compañerismo y la energía. Yo no conocía mucho e hice preguntas. Con esto de Varones Carnaval lo primero que pregunté en esa reunión en el café fue si había alguno que haya sido denunciado en las placas, en ese momento me dijeron que no y aclaré que lo que más me importaba era que, si hubiera sucedido algo así en el grupo, quería saber cómo se habría tramitado ese evento doloroso. Eso habla mucho del grupo y de qué piensan sobre esto los varones. Me cerró por todos lados la respuesta.

¿Cuál fue la respuesta que recibiste?

Que no, pero que había sido algo que había impactado en el grupo. Que se habían reunido, habían hablado con sus familias y entre ellos, que sentían que tenían mucho por recorrer y por trabajarse. Muchos hicieron un viaje en su memoria, porque a veces mirando y callando se es cómplice. No los vi enojados. Sí me aclararon que creían que había distintos matices, que estaban todos en la misma bolsa y que sentían que esa herramienta no permitía distinguir las intensidades de los eventos violentos. Estoy de acuerdo con eso. También me decían que uno no puede juzgar la intensidad del dolor que provoca, y en ese sentido no juzgan absolutamente nada de las situaciones que fueron denunciadas.

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Pasa la mitad del espectáculo. El público aplaude de pie en todos los rincones del tablado. Emilia Díaz y Camila Sosa cantan juntas sobre los abusos en el Carnaval que quedaron en evidencia en el tiempo que la fiesta estuvo en silencio a consecuencia de la emergencia sanitaria. Ellas dos, las primeras mujeres de la murga, le ponen voz a uno de los temas más revolucionarios del Carnaval uruguayo en los últimos tiempos.

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Durante el espectáculo tienen un momento donde junto a Camila Sosa ponen el tema sobre el escenario, ¿cómo llegaron a eso?

Doña Bastarda no sabía si iba a tocar el tema o no. Cuando me presentaron el guion en aquel café, que ya estaba prácticamente cerrado o avanzado, estaban en la duda, tenían muchas ganas de hacerlo y no sabían cómo. Camila ya estaba integrando el equipo, una mujer potente con una voz potente. Con ella intercambiamos ideas. En noviembre presentó algunas canciones en una reunión, las cantó y me quedaron mirando tipo «sí, esa», con los ojos medios vidriosos entre emoción y miedo. Porque es una canción que también señala al varón. Conversamos con los compañeros y se pone sobre la mesa que ellos no se sentían preparados para participar escénicamente de esa canción. Nosotras le dimos una historia y una escenografía. La idea era que fuera un tinglado con alguna luz rota, alguna letra de un cartel que nunca llegó a verse en el Teatro de Verano con alguna letra rota, el telón rajado. Y nosotras saliendo a decir eso y entrando a esa fiesta rota.

Antes de salir a cantar esa canción tuvimos varias reuniones donde hablamos de la necesidad del apoyo de los varones en ese sentido y de las consecuencias que podía tener dentro del carnaval y en el grupo. Porque la fiesta rota también está dolida y a veces sangra por la herida, y vos no sabés si eso puede transformarse en un bumerang. No todos en la fiesta está a favor de las víctimas. Tampoco se trata de hacer un Nacional – Peñarol o un plebiscito sobre esto, pero sí se entiende que no todos piensan de la misma manera. Y es una fiesta mayormente dirigida por varones desde la dirección de Daecpu, hasta todo el sector político y cultural. No es el caso de la Dirección de Cultura de la Intendencia pero sí es el caso de la política en general. Además si mirás los equipos dentro de los conjuntos de las murgas son mayoritariamente varones.

En casa fue una larga charla el año pasado y el año anterior. También dentro del movimiento feminista generó movidas internas. Con mis amigas destapó muchos recuerdos negados, enterrados y dolorosos. Pero fue bueno, la verdad siempre es sanadora si se puede acompañar con comprensión, compasión, honestidad y sensibilidad. Con humildad también, porque si estás del otro lado y sos el que lastimó, tenés que bancarte las consecuencias. Y después trabajarte. Yo también tuve compañeros varones acusados en distintas intensidades y esa es la parte de la que nadie habla: ¿Cómo acompañamos a los varones?

¿Cómo transitaron ese proceso cuando uno de los componentes fue mencionado en una de las placas?

A la semana de integrar el plantel se plantea la posibilidad de que se sume alguien que estuvo denunciado, en uno de estos matices que no era de los casos más graves. Era un caso difícil porque la mujer relató que él la acosó en el baile, la tomó del brazo, ella se zafó y le pidió que no la molestara más. Y le mandó unos mensajes solicitando que estuviera con él. La murga no estaba pronta para definir y confiaban en la respuesta que diéramos con Camila. Pedí el teléfono de él, lo llamé y conversamos. Nos detuvimos en lo que él sintió y lo que hizo. También pedí el teléfono de la chiquilina, pero no llegué a hablar con ella. Entre Camila y yo definimos que íbamos a ver cómo nos sentíamos con él en los ensayos y lo conversamos entre todos. Tuvimos eventos donde podría haberse zarpado pero estuvo trabajando. Todo indicaba que habíamos tomado la decisión correcta. Hasta que surgió una placa en la que aparece Doña Bastarda y su nombre (denunciando que integraba la murga). Empezamos a recibir mensajes solicitando que lo divulgáramos, y las dos preocupadas y angustiadas pedimos una reunión nueva para hablar entre todos. «¿Cómo salimos a cantar esta canción con esto?». Recibimos el apoyo del grupo, a las gurisas y al denunciado, en el sentido de «hemos visto tu transformación en estos meses y confiamos en eso». Hablamos de qué es ser mujer y cuáles son los privilegios de los varones que ellos capaz que no están viendo. Y eso fue una de las cosas más lindas que me tocó vivir desde que entré al carnaval. Tanto tiempo leyendo, declarando o escribiendo sobre esto y ahora estoy en el meollo de un grupo mayoritariamente de varones donde conversan, dialogan, lloran, extirpan y seguramente en un futuro sanen. Sanamos todos a través del arte y de la escucha del otro. No son charlas que tenés en una bañadera o en un ensayo, son charlas que tenés en un momento de crisis y que el grupo se haya dado esa instancia de resolverlo como lo resolvió me llena de orgullo. Siento que es una semilla que va a seguir entre ellos, cada uno en su casa, cuando sean padres. Ya los festivales son distintos, ya los chistes y los cantos de la bañadera son distintos. Vos lo estas viendo, no te lo están contando, lo estás viviendo.

¿Qué ha cambiado en estos 20 años que estuviste sin hacer carnaval?

El público ahora tiene un celular en la mano y eso genera cosas. Es un factor que puede distraer cuando estás en escena y eso por suerte no ha pasado mucho. Era uno de mis miedos. La fiesta también tiene un streaming que no tenía. Me bajo del tablado y me veo en Instagram, es re fuerte. Está bueno porque me corrijo cosas (ríe). Y los comentarios: la gente antes hacía la bajada en el tablado y ahora no lo puede hacer, pero tiene otra herramienta que son las redes sociales. Por suerte pila de cariño y de alegría, (me dicen) que fue lindo que vuelva al carnaval. Y que alguien se acordara era otra de mis expectativas porque muchos de los murguistas con los que salgo tenían 5 o 6 años cuando yo salía. Fue una acto de fe y de confianza que me dejaran entrar acá, porque ni siquiera hay registros de video. Veo menos niños en los tablados y eso me ha impactado. Me encanta ver niños mirando el espectáculo y me pasa más en los escenarios barriales, que están sentaditos cerquita del escenario. Cambia que están mis hijos, y eso lo cambia todo. Si no están en el momento yo imagino que están ahí. Después entender que es un privilegio ir al tablado y es una pena que lo sea, debería ser una fiesta más masiva. Hay razones sanitarias y económicas, pero los tablados no están llenos. Y en los medios de aire está más presente que hace 20 años: hay bloques de carnaval en los informativos, hay más cobertura y eso está bueno.

¿Y en vos artísticamente?

Soy la misma obsesiva (risas). Repaso la letra, me armo mi tecito con hierbas, miro conferencias de prensa todos los días, la vuelvo a mirar a Azucena, todos los días saco alguna cosita nueva, algún gesto. No soy muy mechera, eso puede ser una desilusión para mis compañeres, pero lo fui hace 20 años y tampoco ahora. La mecha la tengo que estudiar y calcular dónde va, como un cirujano. Me reconozco bastante insegura pero soy apasionada en lo que hago porque dejo todo. Se prende la luz y salgo como una leona con el resto de los tigres.

¿Cómo se armó esta Fiesta clandestina (nombre del espectáculo)?

Trabajamos mucho sobre el comienzo de la fiesta y la alegría de que después de 15 años se llega al poder. Trabajamos mucho el tema de la sangre azul que llega al poder, una casta que llega y disfruta, que a veces se le va la moto pero que vuelve al eje, porque el eje de lo protocolar es parte de su conducta cultural de clase social. Trabajamos mucho eso también con el miedo de que en el 70% del espectáculo somos clase alta. A su vez, Doña Bastarda viene trabajando desde algunos años con migrantes en talleres de murga y han hecho cosas divinas gracias a una iniciativa con el Instituto Goethe. A partir de ahí tienen un vínculo estrecho con distintas organizaciones de migrantes, y querían despedirse con la voz de ellos. Armaron una serie de talleres donde participaron distintos migrantes de África, América central, América del sur, y desde ahí se tomaron frases. Moisés es cubano y escribe muy bien, es quién escribió la carta que yo leo y el recitado del medio. El resto es autoría del todo el grupo de migrantes. Es la voz de ellos. La primera vez que pasamos la despedida cada uno lo asoció a su despedida, a las partidas, a los duelos, las muertes de una etapa y el nacimiento de otras. Somos todos uruguayos y uruguayas, alguno habrá migrado en algún momento pero no solamente lo asociamos a eso cuando lo cantamos. Lo asociamos a personas que extrañamos que en esa despedida vuelven a abrazarnos y nos tenemos que volver a despedir cada vez que la cantamos. Es un viaje terapéutico también.

¿Cómo fue la construcción del personaje de la ministra “Achurena”?

Empieza porque tengo el pelo parecido (risas). En una de las reuniones de texto me puse el pelo para atrás y caminé por el living, dije dos o tres cositas y desde ahí quedó. La vengo observando, por las cosas que dice y cómo las dice. Uruguay nunca tuvo una ministra de Economía, ¿cómo no voy a escuchar atentamente eso? Ya desde la campaña política la seguía, como sigo a Beatriz (Argimón) y a otras mujeres del oficialismo. Me gusta que haya mujeres en la política. Cuando somos mujeres y nos toca estar en un lugar relevante, porque lamentablemente hemos sido históricamente ciudadanas de otra categoría para el mundo, siempre pienso ¿le estamos abriendo o cerrando las puertas a otras mujeres? Hay que ir con cuidado. Encima que nos van a pedir más porque somos mujeres y seguramente lo vamos a hacer mejor (risas), también vamos a tener que tener ese cuidado.

Ahora siento que ella se comunica bastante mejor que en 2020, pero me basé en las conferencias de 2020, porque me parecían más divertidas. Es muy agradable, una persona muy educada y racional. Me llama la atención que toma preguntas que pueden ser dardos, las agradece y no siempre responde la pregunta. La estudié mucho: cómo levanta el cuello, ante qué preguntas gira la cara, si pestañea mucho, como no levanta casi las cejas hasta que quiere hacer énfasis en algo que le interesa a ella y su equipo de gobierno. Miré además entrevistas personales. En una entrevista en especial dio con dos cosas de mi infancia, porque somos generacionalmente parecidas: hincha de los Parchís y de Raffaella Carrá. Hay un rasgo de empatía no solo por ser mujer, sino por esas cosas de la infancia. Y también, tengo que admitirlo, una admiración. Porque es brillante. Cuando la vi hablando frente a monstruos de pelo blanco y poderosos dije «pah, está zarpada». Puede que no esté de acuerdo en muchas cosas de las que piensa o hace, o sus argumentos, pero reconozco que es una mujer brillante.

Esa escena la escribimos también pensando en lo que la gente quería escuchar, porque si bien ella no agradece al Fonasa, ni el Antel Arena, ni las políticas del Mides, yo durante mucho tiempo, y sobre todo en 2020, lamenté que con la hidalguía con la que parecían presentarse los nuevos gobernantes faltara ese chapéu, se subrayara solo una herencia maldita y se creara un relato de haber recibido algo absolutamente destruido cuando no es real. Cuando se habla de la solidez del sistema político uruguayo, la madurez cívica del uruguayo medio, es una construcción histórica, pero hay algunas políticas específicas de estos 15 años de progresismo que ayudaron mucho para que ese 2020 no fuera una catástrofe. Esa es la segunda parte de lo que ella dice, cuando mueren los de atrás y la sacan. Yo, Emilia, tenía ganas de que ella lo dijera. No sé si va a seguir, esto puede transformarse de tablado en tablado.

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Emilia baja del escenario y en menos de tres minutos se transforma en ministra: el traje azul, pollera y chaqueta, el maletín y el pelo humedecido hacia atrás. Espera a los pies de la escalera mirando hacia adelante hasta el momento en que le toca subir a escena. Cuando se sienta en esa conferencia de prensa carnavalera el público sabe lo que viene y comienza a reír. «Es igualita», comenta un hombre en una mesa al lado del escenario. El personaje se convirtió en uno de los más comentados luego de su presentación en el concurso oficial.

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Tuvo mucha repercusión tu regreso y el personaje, especialmente en redes. ¿Cómo te manejas con esa exposición?

Con unos nervios impresionantes. Me llena de gratitud y me sorprende mucho más de lo esperado y lo digo de corazón.

Al principio del Carnaval siempre se revive la discusión sobre los límites de la política, la murga y la crítica. ¿Cuál es la responsabilidad y la implicación política del murguista?

Yo soy feminista. Para mí lo político es personal y lo personal es político. Desde ahí, lo apolítico es una decisión política. Me gustan los espectáculos que tienen esa postura. Alguien podría decir «la BCG no era política» y yo te puedo decir que sí, porque político no es una pancarta, político es invitar a hacer el amor en el tablado y subirse con colchones. Me gustan más las murgas que me interpelan personalmente, que me critican a mí y que critican a mis gobernantes, que me hacen reír de mis defectos, los defectos de mi pueblo y los defectos de los poderosos. También me gusta mucho las que me hacen llorar, las que me emocionan, las que me muestran ese lado que no quise ver y pensé que me iba a sentir sola llorando en mi cuarto y de repente estoy llorando en un tablado rodeada de gente, ahí era donde tenía que llorar la herida. La despedida de Queso Magro me hace llorar, me hace llorar la de Doña Bastarda también, pero es distinto llorar rodeado de gente. La fiesta popular te da ese permiso. Si las murgas tienen que ser de izquierda o de derecha es una discusión que no lleva a ningún lado, es la fiesta del pueblo. Debería ser un termómetro del pueblo, debería serlo cada vez más y la fiesta debería ser cada vez menos oficial porque también hay que criticar el oficialismo de la fiesta. Ya tenemos dos fiestas más: +Carnaval y Carnavalé. Aplaudo esas iniciativas. Tiene que ser cada vez más plural, tenemos que participar cada vez más personas. Los que critican y quieren murgas de derecha que se armen una, que se armen varias murgas, recursos económicos no les va a faltar. Hasta pueden ganar y todo.





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