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UTE instalará cables antirrobo para cortar con los colgados en zonas residenciales

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UTE instalará cables antirrobo para cortar con los colgados en zonas residenciales


Un 18% de la energía que distribuye UTE no se factura. El 6% son pérdidas técnicas que se producen por el calentamiento de cables y transformadores. Otro porcentaje similar son pérdidas no técnicas, es decir usuarios que se cuelgan de la red en asentamientos y zonas carenciadas, lugares en donde la empresa ya ha desplegado un plan de inclusión social (ver aparte). Pero hay otro 6% que también son pérdidas no técnicas, y que ocurren en lugares residenciales del país, donde personas que sí pueden pagar por el servicio de energía eléctrica no lo hacen. Hacia ese segmento se enfocará el nuevo plan estratégico de reducción de pérdidas que UTE tiene en marcha.

“Son zonas de cualquier ciudad donde se ha generado la cultura de que si hurtás no pasa nada. Usan la electricidad hurtada o manipulan medidores para en invierno, por ejemplo, obtener el doble o triple de calefacción. Como la hurtan no tienen limitantes, y como no tienen ninguna señal de precio que los haga cuidar, le dan de punta a la energía. (…) Son personas que racionalizando su uso no van a tener ningún inconveniente para el pago de la tarifa eléctrica”, dijo a El Observador, el ingeniero José Caram, asesor de Presidencia de UTE.

Una de las patas principales del plan es la instalación de líneas antihurto conformadas por cables protegidos que hacen más dificultoso el robo de la energía. Este tipo de materiales ya es utilizado habitualmente por empresas eléctricas de Brasil, Argentina y otros países de América Latina.

¿Cómo funciona? La distribución eléctrica se hace en general con redes trifásicas de fácil acceso. Eso permite que cualquiera pueda pinchar directamente las fases y colgarse de la red eléctrica. En los cables protegidos esas tres fases —con el neutro si es una instalación de 400 voltios— tienen una malla externa metálica y afuera de la malla externa se suma otra protección plástica.

“La persona no ve dónde está cada una de las fases adentro. En primer lugar se dificulta mucho pinchar eso, y segundo sucede que si pincha mal es muy probable que haga un cortocircuito y quede todo ese cable sin tensión. Es decir, lo que abarque ese cable queda sin servicio”, explicó Caram.

La extensión de estos cableados será “mínima” y con los medidores concentrados en una columna. Además de estar protegido, el cableado estará a mayor altura de lo habitual. “Hoy sucede que el cable cruza por la fachada de una casa y desde una azotea se puede acceder. En este caso no va a ser posible porque va más alto”, afirmó a modo de ejemplo.

El plan piloto de UTE cubrirá en esta primera etapa a entre 2.000 y 3.000 familias, y la extensión total de las redes que se desplegarán será de entre 20 y 40 kilómetros. El tendido se realizará en algunas manzanas de barrios ubicados en Montevideo, Canelones y Salto, donde el resultado de las inspecciones indica que son zonas donde ocurren los mayores robos de energía. “Serán varias viviendas, una contigua a  la otra donde nosotros sepamos que están hurtando energía”, afirmó Caram. La primera partida de cables importados llegará a Uruguay sobre mitad de año.

Ajustar consumos

Como son hogares que no pagan por el servicio, en ocasiones consumen cantidades de energía que llegan por ejemplo a 700 kWh u 800 kWh mensuales, valores muy por encima de la media de una vivienda en donde sí se suele administrar el consumo para usos normales.

Junto con la instalación del cable que dificulta el robo, UTE apunta a que esos hogares racionalicen el uso de la energía y no la malgasten, además de generar el hábito de pagar por el servicio.  El plan piloto irá acompañado de “flexibilidades” tarifarias para facilitar el pasaje de una modalidad de consumo que hoy es libre a una modalidad regulada.

“El cliente tiene que reeducarse y ajustar sus consumos a lo que racionalmente todos modulamos teniendo cierto cuidado, para que el consumo mensual de la energía eléctrica no se nos dispare”, insistió Caram.

UTE tiene como primera meta bajar 4 puntos las pérdidas de energía hasta 14%, que es un valor estándar en empresas latinoamericanas con una gestión razonable del tema. Una vez estabilizado ese resultado, el objetivo es llegar a 12% con ajustes “más finos” en el plan.

El uso del cable protegido es una de las recomendaciones incluida en la consultoría realizada con el Banco Mundial para elaborar el nuevo plan de reducción de pérdidas. Junto con el aumento de las inspecciones, si en el futuro se decidiera ampliar la utilización de esta tecnología a todas las zonas “más complicadas”, sería necesaria una inversión de unos US$ 400 millones para el proyecto, dijo a El Observador la presidenta de UTE, Silvia Emaldi.

Con la instalación de contadores inteligentes, el ente también procura atacar una parte del problema. El medidor inteligente apenas detecta que tiene una manipulación manda señales a través de la red alertando. Al cierre de 2021 había 711 mil instalados y el objetivo es llegar al 100% de los clientes al final de este período.

“Nuestro foco va a estar en lugares no carenciados que pudiendo pagar no lo hacen. Esa energía la pagan todo el resto de los clientes”, había dicho Emaldi. Por cada punto de pérdida, UTE resigna ingresos anuales por aproximadamente unos US$ 12 millones.

Plan de Inclusión Social

Este año UTE puso en marcha el bono social de energía eléctrica dirigido a clientes vulnerables por su situación socioeconómica que participan de los programas Mides y el Plan de Inclusión Social de UTE. Este régimen tarifario que otorga bonificaciones de hasta 90% en la factura eléctrica abarca actualmente a unos 113.000 hogares de todo el país.

El bono fomenta la regularización de servicios donde aún persiste un alto grado de informalidad, establece descuentos en las tarifas de los hogares, y también fija topes de consumo para cumplir con los objetivos de eficiencia energética.

 





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