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Uruguay accede a bajar arancel del Mercosur y Brasil libera exportaciones desde zonas francas

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Uruguay accede a bajar arancel del Mercosur y Brasil libera exportaciones desde zonas francas


Los gobiernos de Uruguay y Brasil culminaron este jueves una negociación que incluye varios puntos sensibles de la agenda bilateral y del Mercosur que permanecían paralizados desde hacía meses.

Luego de semanas de conversaciones en las que participaron los ministerios de Economía y las cancillerías de ambos países, el ministro de Relaciones Exteriores, Francisco Bustillo, y su par brasileño Carlos França acordaron en Los Ángeles un texto que incluye la decisión uruguaya de adherirse a la iniciativa brasileña para bajar el Arancel Externo Común (AEC) del bloque cuando se vuelva a plantear el asunto en el ámbito del Mercosur, mientras que Itamaraty expresó su compromiso de darle celeridad a la agenda externa del bloque, así como su determinación de priorizar el tratamiento de las «flexibilidades negociadoras» que esa inserción internacional requiere y que Uruguay reclama, según supo El Observador

Además de estos dos puntos de alcance regional, a nivel bilateral los países acordaron –a impulso y demanda de Uruguay– las condiciones para el acceso preferencial de mercaderías producidas en zonas francas y áreas aduaneras especiales situadas en ambos países, en función de la lista de productos que abarca el Acuerdo de Complementación Económica (ACE) número 18. En tanto, Uruguay habilitó la importación de yerba mate para los casos que se constaten límites máximos de cadmio, exceptuando de esta forma una norma sanitaria a nivel Mercosur. Este es un tema relevante para Brasilia debido a que la yerba es el único producto brasileño que tiene a Uruguay como su principal mercado: representa el 60% de sus exportaciones. En 2021 eso equivalió más de US$ 58 millones.

En cuanto al primer asunto, Bustillo y França defendieron la idea de que la situación actual del Arancel Externo Común «no refleja las necesidades actuales» del Mercosur y que su reducción contribuye a mejorar la competitividad de los países. Aunque no acordaron un porcentaje específico –lo cual debe reunir el consenso de los socios– Brasilia apuesta a una reducción del 20%, tal como adoptó de forma unilateral, que es un número que Uruguay puede tolerar, dijeron fuentes políticas a El Observador

Sobre la modernización, los cancilleres hicieron énfasis en la necesidad de darle un mayor dinamismo a la agenda externa del bloque, para la cual entienden que se requiere de nuevos «formatos y mecanismos flexibles» que se puedan ajustar a las «especificidades» de diferentes situaciones y respondan a los «intereses y sensibilidades» de cada uno de los estados parte.

Brasil, en particular, evidenció su voluntad de dar «prioridad» para tratar las «flexibilidades negociadoras» en el Mercosur. En este contexto, Bustillo le informó a su par brasileño sobre los pasos que su cartera venía dando para procurar negociaciones con países que están fuera del bloque, como China y Turquía. 

La historia: una negociación trancada que tomó a PepsiCo de rehén 

Con este acuerdo que surge fruto de la voluntad negociadora, ambos gobiernos limaron los desencuentros que habían limitado la relación durante los últimos meses y, fundamentalmente, desde finales de 2021, cuando Uruguay rechazó la propuesta de Brasil –negociada con Argentina y respaldada por Paraguay– para bajar el AEC del bloque en un 10% para una lista de 6.195 productos (87% de los productos de la Nomenclatura Común del Mercosur) . 

En aquel momento la diplomacia uruguaya funcionaba en base a acciones declarativas en las que se insistía en la necesidad uruguaya de “flexibilizar” el bloque, y condicionaba su apoyo a la reducción del AEC a que se lo habilitara explícitamente a negociar con terceros de forma bilateral. Brasil, por su parte, priorizaba la rebaja del AEC como mecanismo de combate a la alta inflación.

Sin embargo, la persistente negativa uruguaya a la propuesta brasileña tuvo sus consecuencias. Una de singular importancia fue la decisión de Brasil de no renovar para este año el régimen de desgravación total del AEC o de los aranceles nacionales de importación a los productos de PepsiCo que proceden de la zona franca de Colonia

En enero de 2014, cuando comenzaba el último año del gobierno de José Mujica, los dos estados habían negociado bajo el paraguas de la Asociación Latinoamericana de Integración (Aladi) un Acuerdo de Complementación Económica que le permitía al Uruguay el acceso preferencial al mercado brasileño de determinados productos provenientes de las Zonas Francas de Colonia y Nueva Palmira, al tiempo que Brasil tenía el mismo beneficio con algunos productos que salían de la Zona Franca de Manaos. 

Este acuerdo, que se debía renovar anualmente, se equiparaba con la histórica exención arancelaria lograda por Brasil y Argentina en las negociaciones de 1994 para las áreas aduaneras especiales de Manaos y Tierra del Fuego respectivamente. Estas excepciones perforaban el Arancel Externo Común al tratar los productos que se exportaban desde estos lugares como si fueran originados en el Mercosur y, por tanto, habilitados para circular en la zona de libre comercio, a diferencia de lo que la norma establece para el resto de las zonas francas. 

Que sobre finales de 2021 e inicios del 2022 Brasil no hubiera renovado esa exención arancelaria para la zona franca de Colonia –y que ello se mantuviera paralizado durante seis meses– era una muestra de insatisfacción frente a la forma en la que el gobierno uruguayo se había parado en la cancha de la negociación y a su negativa de aceptar la rebaja del AEC, reclamada ni más ni menos que por el ministro de Economía Paulo Guedes, el mejor aliado ideológico en Brasil que ha tenido la inserción internacional del Uruguay en los últimos años. 

Esa solicitud para reducir el arancel hacía una gran diferencia para Brasilia –en función del escenario electoral que se avecinaba y la búsqueda del gobierno de Jair Bolsonaro de mejorar la situación económica– y no movía la aguja en Uruguay, por lo que Guedes y los suyos navegaban en el desconcierto por la posición adoptada por la Torre Ejecutiva. 

La reacción brasileña fue inquietante para la multinacional PepsiCo, que vio afectada el beneficio que contaba para su exportación a Brasil desde Colonia pocos meses después de que su CEO para América Latina, Paula Santilli, viajara a Uruguay para anunciar una inversión de US$ 64 millones en su planta ubicada en esa zona franca. La situación generó tanta preocupación que la compañía movilizó a sus máximas autoridades regionales e internacionales para que hicieran llamadas al más alto nivel.

La visita de França a Montevideo a principios de mayo no mejoró la situación. Los representantes de Itamaraty se fueron disgustados del Palacio Santos por las formas y la sustancia de una reunión en la que se volvieron a llevar el rechazo de Uruguay ante un nuevo pedido para hacer otra rebaja del AEC en un 10% –algo que Brasil terminaría implementando unilateralmente otra vez a fines de mayo– y en la que a último momento recibieron la solicitud para aprobar un texto que habilitara a Uruguay a negociar por su cuenta, de acuerdo a lo que establece el Tratado de Asunción.

No hubo conferencia de prensa. França puso la mejor sonrisa que le cabía y acudió a sus artilugios diplomáticos para declarar a los periodistas que lo esperaban en la puerta de la cancillería porque sabía que la historia siempre sigue y que más temprano que tarde terminaría sentado nuevamente en una mesa de negociación con Bustillo.

El nuevo escenario: reposicionamiento

Ese nuevo encuentro efectivamente se concretó en la tarde de este jueves en Los Ángeles, a donde los ministros llegaron para participar de la Cumbre de las Américas. Sin embargo, la reunión venía precedida de un mes de trabajo en el que el Ministerio de Economía encabezado por Azucena Arbeleche tomó mayor protagonismo sobre el asunto con el apoyo de los servicios de la cancillería.

Con el cambio de posición y el acuerdo con Brasil, el gobierno uruguayo se quedó con un logro tangible y que tiene potencial en el comercio bilateral: la liberación del comercio para las exportaciones desde todas las zonas francas del país. Además consiguió un guiño hacia China con la ansiada declaración brasileña, que esperan que genere algún efecto en Beijing, mientras el país asiático culmina la consulta interna y responde sobre el estudio de factibilidad conjunto. Brasil, en tanto, adquirió el compromiso uruguayo de adherir a la baja del AEC. 

Si en diciembre el panorama era el de una “triple alianza” involuntaria contra un Uruguay que quedaba aislado, con esta negociación ahora el gobierno de Luis Lacalle Pou patea el tablero y pone a la cancillería argentina en la necesidad de dialogar con Itamaraty antes de la próxima cumbre o cargar con la responsabilidad de un nuevo quiebre del consenso mercosureño. 





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