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“Todos somos medio hijos de puta en algún momento, tenemos que serlo”

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“Todos somos medio hijos de puta en algún momento, tenemos que serlo”


¿Cómo se apaga esta música? Hay demasiados botones. No quiero romper nada. Pero su voz está cerca de la sala de control. Llega en segundos. Y no sé cómo lo imagino, la verdad, a pesar de que su imagen está ahí desde siempre. ¿Cómo la tapa de la Rolling Stone que espera en la mochila? ¿O de lentes negros, acodado en una mesa blanca, con un traje teñido por el color catódico de los 2000?

Mientras, la música de fondo sigue. Y no sé cómo se apaga. Hasta que llega él: Mario Daniel Pergolini. Argentinísimo, 57 años que parecen menos, bastante alto, ojos claros helados y el brazo que se estira en un saludo que acompaña la sonrisa automática. Así es cómo te gana. Con esa calidez expansiva que, sin embargo, tiene algo viperino. Algo villanesco. Algo que dice: sé jugar mi juego. Y lo sé jugar bien. Cuidado. Anotalo. Notalo.

El problema de la música de fondo se resuelve fácil: con la misma sonrisa con la que entró, Pergolini se acerca a la consola y baja una perilla. “Era la única levantada, no tenía demasiado misterio. Ahora podés grabar”. Las personas que lo llevaron hasta allí se lo festejan. A él le gusta.  Es todo carisma. Incluso asusta un poco. “Viste que si te festejan tenés que aprovecharlo, ¿no?”, dice. Y sí.

¿Qué hace Pergolini acá en Montevideo? ¿Qué hace en la sala de control del estudio de televisión de la Universidad Católica del Uruguay? Bueno, Pergolini llegó a Uruguay para la inauguración del edificio Athanasius, el nuevo polo audiovisual de la UCU que utilizan los estudiantes de las carreras de Comunicación, Ingeniería Audiovisual y Artes Visuales. El argentino está ahora en una faceta que lo tiene como una especie de gurú comunicacional-tecnológico, y este tipo de convocatorias no le son ajenas. 

Tampoco le están siendo ajenas las entrevistas en los primeros meses del 2022. Vorterix, el proyecto multimedia por el que dejó su hogar en la mítica Rock&Pop –desde donde lideró el dial argentino por casi dos décadas– está cumpliendo diez años y la voz de Pergolini se ha multiplicado. Sus opiniones sobre los medios, su visión del futuro y sobre todo una profunda curiosidad por las puertas que la tecnología de avanzada están abriendo para el mundo –un rubro en el que abre empresas a diestra y siniestra– surcaron los medios de su país, que no vacilaron en hacerlo recordar, de paso, sus épocas de periodista reventado, su rebeldía, los éxitos de ¿Cuál es? y Caiga Quien Caiga (CQC), entre otras yerbas.

Mario Pergolini

Acá también habla de Vorterix, pero cuando lo hace algo cambia. De alguna manera, y a pesar de seguir en los medios y con un programa al aire –Maldición, va a ser un día hermoso–, este Pergolini no es más un hombre de radio. El tono lo marca. Hay algo en el fondo que dice: me fui. No soy ese. Ya no. Y qué lo diga él: “Fui una persona de radio, he pensado en radio toda mi vida, incluso en CQC había mucho de radio en la forma en la que se editaba y se contaba. Pero hace muchos años que ya no me pienso así”.

Y claro, la pregunta es esa. ¿Qué sos, Mario? ¿Ahora qué sos? Y eso mismo sigue, eso mismo es lo que responde ya:

¿Ahora qué sos?

A esta altura creo que soy una persona más tecnológica que de medios. Lo que más me sigue tentando de la comunicación es cómo la tecnología, la comunicación y la Inteligencia Artificial (Ndr: en adelante IA) están trabajando en conjunto para lograr nuevas cosas. ¿Este camino nos deshumaniza? Bueno, es algo que todavía está en discusión. Pero yo no puedo parar de ir hacia allí. Hoy no puedo pensar en hacer un programa de radio. Ya no me divierte. Que lo haga otro. Que hagan podcast, no sé, que hagan lo que se les antojen las pelotas. Me parece que hay tanta tecnología, tanta cosa loca dando vuelta, tantas posibilidades, que me daría no sé qué no aprovecharlas. Quedarme en televisión o en radio me pone en un lugar mediocre en el que no quiero estar.

¿Esa eventual deshumanización no te genera cierto recelo o temor?

No sé. ¿Te preocupa que hoy cuando desgrabes esto lo haga la IA?

No. Me vendría bien.

Bueno. No podemos tapar con la mano a la tecnología. Podemos aprovecharla. Creo que siempre estuve en esa búsqueda. CQC, por ejemplo, era un programa común de televisión, pero tenía cosas que se usan hoy, como los filtros. Cuando nosotros lo hacíamos hace 22 años atrás no sabíamos que venían Snapchat e Instagram. Pero son desarrollos tecnológicos que nos ayudaron a contar otras cosas y eso nos hizo diferentes. La tecnología existe y es cierto que a veces da un poco de miedo. ¿Nos vamos a deshumanizar? No tengo idea. Y te voy a decir algo peor: parecería que sí. Pero creo que nos vamos habituando a esa deshumanización. Si hace 40 años atrás agarrábamos un rectángulo de vidrio, le hacíamos una pregunta y nos respondía, vomitábamos del susto. Hoy no es un drama para nadie. ¿Quién iba a decir que vos desde tu casa ibas a poder transmitir al resto del mundo y ser visto por millones de personas con un micrófono, dos lamparitas y una conexión de 50 megas? Esa tecnología no nos asustó. La fuimos incorporando de a poco. ¿Y a dónde nos va a llevar la IA? Esa es una pregunta tan abierta como la de quién la va a diseñar. ¿La va a diseñar Google, Facebook, Amazon, Microsoft? ¿O la va a implementar el lado chino, en donde tienen otra idea de lo que son las democracias, de lo que es la comunicación, del control? ¿Quién va a ganar esa guerra? Eso me da más miedo. Porque los sesgos que esa tecnología va a tener van a definir cómo comemos, cómo nos educamos, cómo será nuestra medicina. Me asusta más eso que ver un señor hablando y que no sea, en realidad, un señor.

Hace poco dijiste en una entrevista que una de las cosas que tiene el hoy es que se terminó el “acá”. Ya no hay más “acá”. Puede parecer extraño, pero ese concepto toma especial relevancia en Uruguay, donde el tamaño del mercado suele ser una razón para proyectos que no terminan de desarrollarse de manera masiva.

El “acá” se acabó. La verdad es que solo tenés que prender la cámara, agarrar el micrófono, tener un programa para transmitir y si tenés algo para decir, ya está. Ojo: a lo mejor nadie te escucha. A lo mejor sos un genio que jamás será descubierto. Porque está la posibilidad de que todo el mundo pueda hacerlo. Pero se acabó el “estoy en Argentina o Uruguay”. Hoy tu competencia es un egipcio, un hindú, un afgano. Hoy tu competencia es la persona que comparta tu misma tecnología, y esa tecnología está siendo muy común para todos. También es cierto que ahora las cosas hay que hacerlas mejor que nunca, mejor que nadie. Porque tenés que salir a pelear con cientos de miles. 

Mario Pergolini

El desafío también aumentó. 

Por eso es triste sentarse a ver televisión. Cuando te dicen “ahora vamos a tener al conductor que desde adentro de un auto va a hacer notas”, habría que decirles que eso ya lo vimos hace años y mejor. El mundo ya está muy abierto. No vale la pena refritar. Hacé otra cosa. Hoy, además, sucede que se generan un montón de contenidos raros. Ibai Llanos haciendo un mundial de globos en Twitch, por ejemplo. Mi papá diría “esto es una estupidez”. Ok, entiendo pero ¿cuál es la diferencia entre eso y una novela turca? ¿Entre eso y Bailando con las estrellas

¿La televisión te aburre hoy?

Nos aburre a todos. Primero porque ha perdido mucha inversión. Ningún anunciante necesita hoy hacer avisos generalistas, los puede hacer mucho más direccionados. La televisión se resignó rápidamente a entender que estaba perdiendo y lo único que hace para buscar revertirlo es poner una pantalla cada vez más grande atrás de cuatro sillones. La edad de la gente que mira la televisión ha cambiado mucho, además. El promedio de edad del espectador en casi toda la región es de 65 y 67 años; en Argentina es de 70 y pico, en su mayoría mujeres. ¿De qué sirve decirle a la gente de 70 años que compre gaseosa si se van a morir por tomar azúcar? ¿De qué sirve venderle pañales si ya no tienen hijos? ¿De qué sirve venderle cremas para que estén mejor? Todo eso se cayó. Y la gente se está desconectando a nivel mundial. La desconexión masiva que estamos viendo no es porque los clientes estén ahorrando plata, es porque tener 80 canales ya no es un beneficio. ¿La tele tiene algo para ofrecer hoy? Sí: horarios rígidos, tandas, programas mil veces vistos. El negocio hoy está en otro lado. Y estos medios que entendimos como masivos están dejando de serlo. No conozco a nadie de 30 años o menos que mire tele. A nadie.

Mario, traje algo. (Ndr: una revista Rolling Stone del año 2012 que lo tiene en portada y el título: “El último crimen de Mario Pergolini”)

Uh, ese soy yo. Más joven.

Sí, bastante más joven.

Che, pará. No seas desagradable.

Mario Pergolini

En este momento estabas lanzando Vorterix. La nota es sobre eso. Pero la traje porque siempre estuviste bajo los focos desde temprano y te titularon de todas las maneras posibles. Un optimista, un exterminador, un villano, un provocador,  un psicópata. ¿Por qué creés que hubo tanta necesidad desde los medios de definir qué y quién eras?

No sé. Empecé de muy chico en este negocio. Voy a cumplir 58 y desde los 16 estuve siempre en medios, algunos más disruptivos que otros. Igual, siempre fue dentro de los medios masivos; como mucho podía ser el más loquito de la televisión. Pero sobre esos títulos de los que hablás, creo que he recorrido una especie de camino lateral en esos medios masivos, y es cierto que en alguna forma he sido provocador, a mi manera. Es ahí cuando supongo que empiezan a intentar definirme, a querer entenderme. Algo así como “prefiero decirte loco, que innovador”. La verdad que yo también he sido un poco todos esos. Reconozco tener épocas más competitivas, más psicópatas, otras más violentas, algunas más tranquilas, y supongo que estos medios masivos, si estás en ellos, no permiten que cambies mucho. Mirtha (Legrand) siempre va a ser Mirtha, Marcelo (Tinelli) siempre va a ser Marcelo. Ellos son eso, están definidos así y así van a seguir. Quizás era raro ver a alguien que desde los 20 años estaba siempre cambiando. Igual, viendo esta portada, te digo que la que más recuerdo de Rolling Stone es la del diablo. 

En esa, de 2002, te pusieron “El exterminador”.

Qué lindo. Sí, y “psicópata” en la del guasón, creo, que fue la primera. O al revés. Me acuerdo que cuando se hizo la muestra del aniversario de la revista la entrada era mi cara. Entrabas por mi boca, y abajo decía: “Historia de un psicópata”, o no sé qué mierda. Y mi hijo que era chiquito me preguntó “¿Psicópata es bueno, papá?”. Y yo le dije: “Sí, psicópata es genial. ¡Vos deberías ser un psicópata como yo!”.

En esa época, ¿cómo hacías para no desdibujarte con todo lo que te dibujaban? Supongo que esos títulos no tenían mala intención, pero…

¡Mirá que sí! Algún hijo de puta siempre hay. Todos somos medio hijos de puta en algún momento. Tenemos que serlo.

¿Qué estrategias tenías para escaparle al ojo público?

Es muy raro ser conocido desde tan chico y vivir expuesto gran parte de tu vida. Es muy difícil explicarlo, incluso. Creo que uno se va adaptando y va jugando el juego como le parece. A veces lo hacés de forma más correcta, a veces patinás. Y a veces patinás demasiado. Hoy parece que esos momentos fueron parte de la vida de otro. Me mostrás esta tapa de la Rolling y la verdad que me miro y no me veo. Sí, fui este tipo. Pero no sé, no me veo. Aunque sé que lo fui. Fui este, el diablo, el guasón, fui todos. Rolling Stone definió mis personalidades. (Risas)

De hecho, en la nota de esta revista decís lo siguiente: “Yo no voy a necesitar escribir mis memorias. Cuando esté por morir voy a recopilar todas mis notas con Rolling Stone. Ahí está todo”.

Sí. Es raro crecer con la mirada pública encima. Pero fue así. Y a pesar de haber tenido una vida tan pública, mi vida privada fue muy privada. Pude estar en los dos lados. Y estos últimos años son raros, loco. De hecho mirá, estoy acá en una universidad en un país vecino, hablando de tecnología aplicada a los medios.

¿Tan raro te parece?

Bueno, más o menos. Vengo en este camino en los últimos años.

Da para otro título: Pergolini, el conferencista.

Sí. Lo bueno es que yo sobreviví y la revista no. 

Has mencionado que con la barrera de los 60 encima, vas a dejar de estar en los medios, al menos en la primera línea. Que te cansaste. ¿Cómo te llevás con la idea de no estar más?

Digamos que mi ego está más que sobrealimentado. Ya hace 10 años que no estoy en medios súper grandes; sigo expuesto pero desde otro lado. Son decisiones. Volví a estar más expuesto con lo de Boca hace algunos años (Ndr: fue vicepresidente del club argentino desde 2019 a 2021), tal vez me exponga de nuevo en ese papel el año que viene.

¿En Boca?

Puede ser. Pero en los medios prefiero estar más de atrás. Ya no encuentro placer en poner mi cara. Me interesan las redes sociales, la tecnología, me interesa entender la IA, las redes neuronales, estudiar un poco de código. He encontrado en ese mundo la misma pasión que alguna vez encontré en los medios. Si bien creo que pienso todo eso para las audiencias, por lo que termino pensando como medio, ya tener que estar adelante me cansa. O no sé si estoy cansado, pero no me genera el vértigo de antes.

Mario Pergolini

Tampoco te lo genera la competencia, supongo. Que fue tu gran motor durante años.

Fue mi motor, sí. En ese momento no pude evitarlo. Fue así desde que entré a una radio a los 16 años y pienso que ese motor me llevó a hacer un montón de cosas. ¿Cuál es? estuvo primero 19 años, ciertos programas de TV que hice fueron importantes para la historia, pero la idea de competir no la tengo más. Porque tampoco la tecnología la tiene. La tecnología tiene mucho de compartir, de poner en común, de fusión. Ya no corre el “no le contés a nadie que te caga la idea”. Hoy se trata de potenciarse, mezclar. Hoy los streamers no compiten. Si se tienen que conectar entre ellos lo hacen, porque entienden que hay una comunidad de la que se alimentan juntos. Antes era distinto. Supongo que también tenía que ver con que había mucha droga. (Risas) Si te fijás, la música también está en eso, con los featurings. Antes no tenías de invitados a Led Zeppelin en el disco de una banda. Hoy el Duki ya cantó en discos de gente que ni siquiera conocemos. Esa cosa colaborativa es parte de lo que esta generación está brindando a la sociedad y a los medios. En mi caso no era así. Era “vamos con todo contra este”. Se fomentaba eso, el rating online, el minuto a minuto. Hoy ningún streamer se fija si el de al lado tiene cien mil más o cien mil menos que él. ¡Y hasta tienen la chance de pasarles toda su audiencia a otro con solo apretar un botón! 

Mencionaste la música. Si volvieras a tener 20 años, a esa época en la que te colgabas de las giras de las bandas de rock, ¿qué músico o banda de la actualidad elegirías?

Creo que seguiría eligiendo a una banda de rock. Por ejemplo, vengo de ver a Justin Bieber la semana pasada en Miami, fue tremendo show, gran despliegue, pero le falta algo. Es generacional. Yo sigo prefiriendo escuchar a una banda de rock, aunque sea un lugar chiquitito, es parte de lo que me hizo. Todavía hoy, cuando estoy solo en casa, sigo poniendo música a todo volumen, con las ventanas vibrando. Y la verdad que en esos momentos no escucho Maroon 5. 

¿Qué escuchás?

Y no sé, rock. Me da lo mismo si es Ántrax o Led Zeppelin o lo que sea. El metal me gusta. Sí, me subiría a la gira de una banda de rock. No sé si a la de una banda de rock de viejos. Para escuchar que les duele la espalda hago otra cosa. Pero si volviera a tener 20 años seguro me subiría otra vez a esos micros y pensaría “y bueno, dale, el camino es largo: arruinémonos un poco la vida que tiempo para curarnos tenemos”.

El rock te sigue fascinando igual que a los 20. ¿Te hace reír lo mismo también?

No. Además vengo de un humor complicado. Sí me sigue causando gracia el humor negro.

Hoy el humor negro no lo tiene tan fácil.

No, pero creo que tu generación tiene mucho humor negro. No me gusta mucho la comedia. El stand-up sí, pero cuando está bien armado. A todos les pasa: te vas riendo de distintas cosas en la vida. El humor negro me gusta. Viste que los viejos somos malos. Se van rompiendo cosas y pensás “bueno, no me rompas más las bolas, me quiero reír de esto y lo voy a hacer”. 

Es un momento difícil para reírse de cualquier cosa.

A veces siento que se están poniendo demasiadas barreras, que se están cagando la vida, pero también es cierto que era un poco necesario tener otra mirada, entender que pasaban otras cosas con ese tipo de humor. Para mí es mucho más difícil, hago el esfuerzo, lo intento, pero cada tanto me desboco y me causa gracia. Cuando hago chistes que están demasiado corridos, espero que la gente entienda el respeto con que los hago y entendiendo quién soy. Pero a veces me caen las de la ley.

Mario Pergolini

Un pilar de tu carrera en el humor fue CQC. ¿Podría existir hoy?

No, pero no por el tipo de humor, sino porque nadie aguantaría una semana para ver qué cosas pasaron. Hoy hay muy buenos humoristas rápidos, memes, hilos de Twitter. Hoy a lo mejor Caiga debería ser una cuenta de Instagram con videos. ¿Vos vas a esperar una semana para que te hablen de la bofetada de Will Smith? Al otro día ya no importaba. A la noche del otro día ya era viejo. CQC tenía algo de justiciero, antisistema, pero hoy en día es inviable.

Esa inmediatez que impediría la existencia de CQC también cambió y reformuló otras cosas de los medios. De todas formas, hay cuestiones que se mantienen a pesar de ese vértigo. 

Hay programas de noticias donde todavía te leen la tapa del diario. Los presidentes se siguen preocupando por la tapa del diario. Yo he hablado con varios presidentes e intento explicarles, y después de una hora pienso que entienden y me salen con “bueno, pero viste que la tapa del diario es asesina”. Y yo pienso: “hijo de puta, preocupate más por un hashtag, por las comunidades”.

CQC terminaba siempre con tu frase: “Cuídense que hay mucho garca dando vueltas”. ¿Todavía hay que cuidarse de ellos? ¿Siguen estando ahí?

Por supuesto. Pero hoy podés seguirlos en las redes. Y atacarlos duramente.





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