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Regreso a clases: la madre que casi hace «repetir» a su hija y un reencuentro después de 40 años

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Regreso a clases: la madre que casi hace «repetir» a su hija y un reencuentro después de 40 años


La llegada del primer día de clases fue una mala noticia para Gastón, un niño que en la tarde de este lunes rompió en llanto apenas pisó el patio de la Escuela N° 320, ubicada en Casavalle. 

Acompañado de su madre y hermana, rezongó y caminó a la fuerza hasta su salón dando la sensación de que las nuevas caras a su alrededor le simpatizaban poco. Entró consternado, se sentó en un banco y cuando la maestra le dio la bienvenida quedó en silencio.

Casi la misma situación se repitió con Magui, su hermana, quien también lagrimeó al llegar su turno. La niña entró al salón de tercer grado y luego se fue al de cuarto, sin saber qué curso integraría durante el año.

—Entrá a la clase —le ordenó su madre.

—No sé si esa es mi clase.

—Pero es el único tercero, Magui.

—Me dijo (la maestra) que estoy en cuarto.

—Estás en tercero, Magui. Ella se equivocó, ¿ta?

Al final Magui tenía razón. Su madre pensaba que había repetido, pero finalmente habían decidido promoverla, le explicó el director. «A mí ya me habían dicho en la otra escuela que ella quedaba repetidora. No porque no supiera, sino porque el problema eran las faltas. Faltaba mucho, y me dijeron que ese año (por tercero) lo iba a cursar nuevamente, entonces yo dije ‘¿para qué la voy a seguir mandando’ No la mandé más, pero la pasaron igual y yo creía que ella había quedado repetidora», contó a El Observador María José.

«Yo, sinceramente, me dormía. Me tenía que levantar a las 7.30 de la mañana, entonces me re dormía, no me levantaba y no la llevaba. Después ellos tuvieron covid», reconoció la madre.

La pequeña familia fue testigo, junto a decenas de padres, de un discurso de bienvenida en el pasillo del patio, en el que se advirtió que la escuela no cerrará este martes pese al paro convocado por el PIT-CNT. «¡Ay ya está, ya está! ¡Que los gurises empiecen las clases!», se quejó una pareja por lo bajo. Segundos después, los reproches fueron para Mateo, un niño que no movió su mirada del celular hasta que entró al salón.

Un niño usando su celular minutos antes de entrar a clase

El recibimiento se completó con un chequeo vía celular de cada nombre y apellido. La tarea estaba a cargo de una maestra, que, mientras continuó recibiendo a los alumnos, dijo a El Observador que no tenía internet en la computadora de la escuela ni tampoco una impresora o fotocopiadora para ratificar las inscripciones.

Al lado del aula de tercero, solo se oía a un perro ladrarle a un bebé en coche. El griterío de los pasillos y el murmullo de la primera hora ya había terminado cuando solo pasaban 23 minutos de la hora 13. 

Los padres de los alumnos escuchaban el discurso del director atentamente desde el pasto

Llegó la hora del almuerzo y Gastón cambió su llanto por una sonrisa. Dahiana, la encargada de la cocina desde hace siete años, explicó que la comida de la escuela es la «mejor hora» del día para muchos alumnos.

«Hay niños que realmente a veces pasan hambre y vos ves que la única comida es esta que están comiendo. Vienen, te piden un poco más y vos le decís ‘bueno ta, te doy un poco más’. Y al rato vienen y te dicen ‘¿no me servís otro poquito más?’ 

Para este lunes, ella y su equipo se encargaron de abastecer a unos 150 niños. «A veces, cuando no vienen todos, tenemos margen para decir ‘bueno, repito un poco de leche’, pero les das un vaso, se la toman y te dicen ‘¿no me das un poco más?’ Y después te enterás que es lo único que toman».

«A veces les da vergüenza y te miran como diciendo ‘les pido o no les pido’. Piensan: ‘Capaz que me dicen que no'», agregó.

El adiós al tapaboca 

A diferencia del 2020 y 2021, el tapabocas ya casi no estuvo presente en los centros escolares, al menos en este reinicio de clases. Ahora, solo funcionarios, maestros o adultos que ingresen tienen la obligación de usarlo, de acuerdo al protocolo que establecieron la ANEP y el MSP. Una minoría de los niños acataron la recomendación.

Esto también se vio reflejado en la Escuela N° 254, pese a ser de menor magnitud y conservar grupos pequeños. En esa casona de dos pisos, pegada a Tres Cruces y considerada patrimonio, reinaba el silencio, pero también habían risas de niños que interactuaban con un fotógrafo, felices de haber vuelto a clase.

Escuela pegada al shopping terminal Tres Cruces

Todo estaba ambientado como en un hogar familiar: había cuadros hechos por alumnos, plantas y una conservada escalera de madera. El tapabocas ya no era el protagonista.

Alli estuvo presente la directora general de Educación Inicial y Primara, Graciela Fabeyro, quien visualizó la medida como un avance. «Se ha flexibilizado (…) y se nota más distendido el ambiente. Ya noté que en los salones hay aberturas, hay un cuidado», señaló.

«Los niños están muy felices. Hubo pérdidas de aprendizajes, de vinculación, y hay que trabajar mucho. Pero uno encuentra que los proyectos, los maestros y los equipos que están abiertos a profundizar, conocer y hacer un mejor diagnóstico de la situación de sus alumnos y a poner mucho compromiso. Si este año sigue en esta casi normalidad, va a ser muy importante la recuperación de experiencias e instalar contenidos que de repente no fueron abordados. Lo que uno encuentra con los chiquilines es que muchos no se veían desde que terminó el curso y el reencuentro ya es con más naturalidad. Eso ha dado una flexibilización en el vínculo y en los espacios», acotó.

La recorrida de la directora tuvo de primera mano la sonrisa cómplice de Andrea, una maestra de 46 años que fue su alumna en la Escuela N° 84 (hoy 33, ubicada en el Villa Muñoz) cuando tenía 6. Fabeyro bromeó con que era una «alcahueta» y dijo que estaba «igualita» a cuando era pequeña mientras que la docente recordó a El Observador su experiencia de aquel entonces: «Me acuerdo clarito. Hay maestras que te marcan: una es ella y la otra la maestra de sexto, que me quedaron para toda la vida. Con ella lo que me pasaba es que me dejaba encargada de la clase. Iba al baño y me dejaba a mí de encargada y yo se ve que aprendí y le escribía en el pizarrón los nombres (de los que se portaban mal). Fue de esas maestras que te quedan en el corazón y no te olvidás más».

Fabeyro y su alumna de primer año se reencuentran luego de 40 años

«Se ve que nos quedamos marcadas las dos, porque después no nos vimos nunca más. Que viniera hoy fue una sorpresa», expresó.

 

(*) Los nombres de los alumnos fueron modificados para resguardar la identidad de los menores.





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