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¿quién fue Isabel Gilbert, cuya obra ahora es Monumento Histórico Nacional?

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¿quién fue Isabel Gilbert, cuya obra ahora es Monumento Histórico Nacional?


Hay nombres en peligro. Personas, artistas, intelectuales, que están, estuvieron o estarán a punto de pasar al olvido digital en la marea de búsquedas en línea en la que vivimos. ¿Qué pasa si la web se traga el recuerdo de una artista? Hay personas que lo reivindican.

Durante años la búsqueda de Isabel Gilbert reducía su legado al mero hecho de haber sido la esposa del poeta Fernando Pereda. Pero, como todas las mujeres que quedaron a la sombra del nombre de un hombre, hay mucho más para conocer: hoy su obra es Monumento Histórico Nacional.

Parte de la generación del 45, testigo y protagonista de uno de los períodos más destacados de la historia de la cultura uruguaya, Isabel Gilbert fue una reconocida periodista cultural, recordada por sus artículos vinculados a la literatura, las artes escénicas y particularmente a la danza, aunque también se dedicó en simultáneo a la fotografía. Se convirtió en una crítica implacable, divulgadora y formadora de opinión pública.

Isabel Gilbert

“Gilbert fue cazadora furtiva de rincones que llamaron su atención como puntos de interés estético más que documental pero, al mismo tiempo, hicieron visible la belleza de lugares que en su momento no eran apreciados todavía como sitios de valor patrimonial. En cuanto a sus registros de artes escénicas, son piezas de cuidada composición, al mismo tiempo que valiosísimos testimonios –únicos, en algunos casos– de expresiones artísticas efímeras”, destaca Marcel Suárez, asesor artístico de la Comisión de Patrimonio Cultural de la Nación en la semblanza de Gilbert.

Nació el 10 de marzo de 1914 en Montevideo. Más precisamente en el centro de una familia de ideales liberales-republicanos donde llegó por última, la única mujer entre cinco hermanos. Hija de los tacuaremboenses Isabel Menéndez Bidegain y Genaro Gilbert, el diputado colorado que promovió la ley de laicidad en la enseñanza de 1909. Creció en un entorno que le permitió desarrollar su identidad artística desde pequeña, estudió en el Liceo Francés pero no se conoce cuál fue la formación de Gilbert como fotógrafa, aunque se estima que tuvo algún mentor, al menos de manera informal.

Isabel Gilbert con Fernando Pereda, Jules Supervielle y Pilar Saavedra Barroso fotografiados por Gisèle Freund

Efectivamente, se casó con el poeta y coleccionista de cine Fernando Pereda, y juntos se convirtieron en una pareja estimada en la movida artística de la generación. Quienes los conocieron recuerdan que en su casa de Divina Comedia 1671 se reunía la élite artística e intelectual de la generación dorada en largas conversaciones literarias y proyecciones de cine, desde Alberto Zum Felde, Clara Silva, Berta Luisi, José María Podestá, Clotilde Luisi, Amalia Nieto, Ángel Rama, Manuel Flores Mora o Amanda Berenguer. Gilbert fue una animadora del ambiente cultural uruguayo.

Proyección de cine en la casa de Isabel Gilbert y Fernando Pereda

Según la publicación, una de las primeras series de Gilbert documentadas hasta la fecha fue la de retratos de la poetisa Clara Silva tomada en enero de 1954 en la playa Carrasco. Participó del espectáculo Tiempo de Tango con la proyección de sus fotografías. En 1964, se editó el disco de Daniel Viglietti Hombres de nuestra tierra con sus imágenes, y sus fotos llegaron a las portadas de libros de Juan Carlos Onetti, Felisberto Hernández, Ida Vitale, Eduardo Galeano y Mario Benedetti, entre otros. Además, fueron años de intensa actividad artística para la fotógrafa, que como pionera fue reconocida y solicitada. Además retrató momentos clave en la evolución de la danza de la segunda mitad de siglo XX.

Dedicada a la crítica de literatura, danza y artes escénicas, formó parte del equipo de publicaciones como Escritura, Marcha, Jaque y finalmente trabajó en Brecha desde la restauración democrática. “Los contemporáneos de Gilbert que aun viven y los investigadores -especialmente de las artes escénicas- recuerdan a esta mujer como una figura imprescindible del periodismo cultural del siglo XX y clave para la comprensión de la actividad artística de su tiempo. Su obra escrita está indisolublemente ligada a su obra fotográfica, menos conocida, expuesta pocas veces en público, apenas una muestra mínima de un importante archivo que aún se conserva”, escribe Suárez.

Esta semana su archivo fue declarado Monumento Histórico Nacional. Pero llegar a hacerlo público no fue tarea sencilla.

La búsqueda del archivo 

En 1961, realizó una exposición de 236 fotografías en el Centro de Artes y Letras de El País: Diálogo con Montevideo. Siguiendo la recomendación de Carlos Real de Azúa, el exembajador Pelayo Díaz visitó la exposición y quedó fascinado con su trabajo. Allí tuvo la oportunidad de conocerla. “Una mujer deslumbrante. Era una personaje de esos de un carisma y una personalidad extraordinaria, muy callada y con cierto dejo distante, pero de esas personas que saben oír y que miran atentamente al interlocutor”, recuerda.  

Le propuso trasladaran la exposición a Salto, donde era parte de la comisión directiva de la Asociación Horacio Quiroga, y se convirtió en un éxito en 1962. “Cuando llegó a Salto quedó también deslumbrada, descubrió un patrimonio tan afín a toda su sensibilidad, patrimonio cultural y arquitectónico, el paisaje del río, que fotografió todo”, señala Díaz, y destaca que algunos de los edificios fotografiados ya no existen a pesar de su valor patrimonial.

Forjaron entonces una amistad que perduró durante años. “Tengo una admiración enorme que he proyectado en el tiempo y que no he magnificado con los años, sino que la he decantado. Porque además era una mujer austera de un gran rigor consigo misma y con los demás, y en sus juicios, tajante. Un ser excepcional”

Isabel murió en Montevideo el 19 de julio de 1990. Luego de su muerte la incógnita era el destino de su archivo. Durante años, Díaz se dedicó a hacer llamadas para dar con el sobrino al que Gilbert le había heredado su obra, que finalmente decidió dárselo con la condición de que, llegado el momento, lo donara a un museo. Así fue.

“Isabel Gilbert desde su muerte hasta ahora había desaparecido. ¡Internet la consagró como esposa de Pereda en una foto! Nada más. Fue una gran injusticia, y ahora que el feminismo ha arraigado tan fuertemente en nuestra sociedad era necesario reivindicar esta mujer de esta pujanza y esa entereza y valentía«, sostiene Díaz, y reivindica que «Isabel Gilbert fue una preservadora del patrimonio cultural material e inmaterial», incluso antes de que se definieran los términos. 

En 2021, tras la muerte de otro de los promotores de la obra de la artista, Nelson Di Maggio, decidió donar el archivo al Estado con una condición: que la colección quedara en Las Nubes, la casa museo de Enrique Amorim, que fue otro gran amante de la fotografía y la cinematografía. Se trata de un archivo de entre 6 y 8 mil negativos que están en proceso de restauración por parte de la Comisión de Patrimonio, entre películas de 135 mm, placas estereoscópicas, diapositivas y álbumes fotográficos. “Para una colección privada es mucho. Todo estaba absolutamente clasificado, cada caja de negativos tenía la fecha, una ordenación cronológica con su fecha y el material que había dentro. Eso demuestra lo concienzuda que era en su labor aún como fotógrafa amateur”, destaca Díaz.

Se trata del segundo archivo fotográfico que la Comisión de Patrimonio declara como Monumento Histórico, luego del Archivo Caruso en 2008. “Hay que trabajar más en las declaratorias y las puestas en valor de muchos archivos fotográficos, que son una memoria importantísima del país, de la sociedad en su conjunto”, sostiene el presidente de la comisión William Rey. 

“Es una mirada sobre un tiempo del país, un tiempo de la producción cultural. Hay fotografías que tienen que ver con Salto, fotografías que tienen que ver con Montevideo, fotografías que están muy conectadas en algunos casos con la producción artística. Tomó muchas fotografías en relación a la danza y al teatro, áreas donde ella también oficiaba en la tarea crítica. Por otra parte también hay algunas experiencias, fotomontajes, hay también búsquedas muy innovadoras”, agrega Rey.

Teatro Larrañaga, Salto, 27 de setiembre 1970

Gilbert fue una pionera de la fotografía artística del Uruguay que, en vida, fue reconocida durante un período de auge cultural, pero es tarea contemporánea mantener su recuerdo. “Con la declaratoria de Monumento Histórico Nacional y adquisición de su archivo fotográfico, el Uruguay tiene, en este momento, la oportunidad de recuperar su memoria a partir, no sólo de sus artículos, sino a través de sus fotos que, como ha planteado Gabriel Peluffo Linari, constituyen una verdadera expresión poética en imágenes, correlato de la poesía escrita en la misma época por su esposo Fernando Pereda o mujeres poetas como Idea Vilariño e Ida Vitale”, escribe Suárez. 

«Fue una mujer pionera en lo que hizo. Todas fueron muy leudas, muy escritoras, poetas, críticas y ensayistas, pero fotógrafas ninguna. El testimonio de esa propia generación lo dejaban los fotógrafos de afuera», destaca el amigo, exembajador y presidente de la Asociación Amigos de Las Nubes, y agrega: «Vamos quedando a veces pocos sobrevivientes, pero los que lo hacemos quedamos con el respeto, la imagen y la admiración de su figura».





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