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«No quería tener 70 años y que me dijeran así»

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«No quería tener 70 años y que me dijeran así»


Franny Glass ha muerto, larga vida a Gonzalo Deniz.

Los nombres son importantísimos, como cualquier persona con un nombre que le dé vergüenza podrá decirle. Son una carta de presentación ante el mundo. Son, incluso, una clave de la conformación de la identidad. Es difícil que si uno no se siente cómodo con su nombre, se sienta cómodo con quien es, y viceversa.

A fines de 2021, Deniz decidió “matar” a ese álter ego que no era un álter ego, dejar atrás ese nombre que no era su nombre, ni un seudónimo, sino el título de un proyecto que fue mutando y que se presentaba como solista aunque en realidad en su última etapa era una numerosa banda.

La idea le rondaba la cabeza desde hacía mucho tiempo, pero un sueño, un disco y unos cuantos libros fueron los disparadores de la decisión, que vino acompañada de una nueva búsqueda artística, y que se plasmará en dos partes. Una vendrá en el futuro, con el lanzamiento de un disco que reúna las composiciones que trabajó luego del cierre de etapa de Franny Glass. Otra, más inmediata, podrá verse este 13 de mayo en Magnolio Sala, y luego se soltará ante el mundo como un registro discográfico llamado Mientras tanto, en Montevideo, que tendrá 18 canciones: 12 que vienen de los proyectos musicales que Deniz ha integrado a lo largo de su vida, reversionadas, y otras 6 novedades que anticipan lo que se viene. La primera canción se estrenará el 27 de mayo, una fecha simbólica, ya que marca el 15º aniversario de la primera presentación en vivo de Franny Glass, el mismo día que lanzó su primer disco.

Mientras tanto, en Montevideo, será un disco de transición. Refleja el proceso que Deniz atravesó de camino a la decisión de empezar a presentarse con su propio nombre, y que comenzó en 2011. “Desde ese entonces, entre discos decía ‘capaz es el momento’. Pero entre 2008 y 2015 viajé bastante, y siempre pensaba que había un trabajo hecho, y que las personas que no te siguen tan a menudo no se iban a dar cuenta, y tenía el riesgo de despistarlas con el cambio”, explicó el cantautor.

“Me gustaba Franny Glass como una entidad más allá de mí, que a veces éramos cinco, cuatro, tres, o yo solo; eso me parecía interesante –continuó–. No me convencía tanto que fuera como mi nombre, o que pensaran que era mi nombre, y que fuera en inglés”.

La escena repetida de subirse a un taxi, comentar que es músico y tener que decir «Soy Gonzalo Deniz, pero mi proyecto se llama Franny Glass» empezó a cansarlo. Y, pandemia mediante, la decisión empezó a madurar.

¿Hubo un momento puntual para decidir dejar de ser Franny Glass y volver a Gonzalo Deniz?
En 2021 estaba en paz con ese tema, se había armado un equipo estable que estaba funcionando alrededor del proyecto, y al mismo tiempo habíamos sacado un disco al que le estaba yendo bien. Era un momento de estabilidad con el nombre y el proyecto. Un día mi pareja, Tamara, me dijo que había soñado que yo tocaba como Gonzalo Deniz. Al principio dije «qué curioso». Eso empezó a dar vueltas en mi cabeza, y ahí me di cuenta. Había hecho el disco que se llamaba Canciones de amor para el fin del mundo, pasó la pandemia, y si no lo hacía en ese momento difícilmente se iban a dar las condiciones para poder decir más adelante que era el momento adecuado. A mí para componer a veces me sirve proyectarme, ver el espectáculo e imaginarme tocando en vivo. Y el nombre me ayudó un montón. Estuve leyendo muchos libros de la historia de la música popular uruguaya, leí el de Los que iban cantando, la biografía de Darnauchans, la de Jaime Roos, libros de Coriún Aharonian. La idea me agarró en ese momento en el que me metí en la historia reciente de la música uruguaya, y empecé a interpelar mi propia manera de componer y la búsqueda estética que estaba llevando a cabo.

¿Cómo se sintió tomar la decisión?
Fue bastante liberador. Fue como decir «ahora puedo hacer cualquier cosa», puedo hacer algo rarísimo, salir de la manera que tengo de componer. Me planteé algunos postulados bien radicales, y generé un repertorio bastante excéntrico para lo que hago. Ese es un disco que va a venir después. Al principio fue radical y después todo se asentó; salió de algo que me dijo Tamara al pasar y empezó a crecer, a crecer, a crecer y me terminé convenciendo de que era lo que iba a hacer.

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Deniz se presentará el 13 de mayo en Magnolio Sala

La despedida de Franny Glass comenzó en setiembre de 2021, irónicamente con una presentación: la del disco Canciones de amor para el fin del mundo en La Trastienda. En ese momento, en la cabeza de Deniz se asentaron definitivamente ideas que le daban vueltas desde hacía tres o cuatro años. Y volvieron las dudas sobre si seguir el proyecto.

Optó por no tomar la decisión en ese momento, pero dos meses después, en los días previos a una nueva presentación, esta vez en la Sala del Museo, decidió apretar el gatillo. Antes del espectáculo le comunicó a la banda que pasaría a usar su nombre para que la sensación de despedida fuera compartida, más allá de que seguiría tocando con ellos. “Fue una buena decisión, ese concierto se vivió de otra manera”, consideró.

¿Fue consciente la decisión de cambiar en un momento en el que al proyecto le iba bien?
Sí, aunque esos argumentos me servían para las dos cosas, para seguir o para finalizar el proyecto. ¿Justo ahora lo vas a terminar? Sí, justo ahora. Era un buen momento, no porque lo tuviera abandonado o no funcionara, o no estuviera contento. Al contrario, fue «Vamos a terminar esto en el mejor momento posible». Veníamos tocando ese repertorio desde 2019, ya había cumplido su ciclo, atravesado por la pandemia pero que también tenía que ver con el disco. Así que tuvo su final distópico. 

¿Y por qué el cambio?
Porque cuando empecé a grabar discos me parecía que todavía no estaba listo para usar mi nombre. Después fui desarrollando una manera de componer, de presentarme en vivo y manejar mis asuntos artísticos y sentía que era hora de usar mi nombre. Por otro lado, no quería tener 70 años y que me dijeran Franny. Y soy un músico uruguayo, que hace música popular, no me quería llamar Franny Glass, quería tener mi nombre. Si mi proyecto hubiera tenido un nombre más de banda, me hubiese sentido más cómodo. Pero veía los recitales y festivales, y me empezó a incomodar la idea de que se asociara que yo me llamaba Franny Glass, o que yo había decidido llamarme así a los 20 años. ¿Qué queda de Salinger en Franny Glass en 2020? Probablemente muy poco. Así que era el momento de hacerlo. De hacer música en el lugar en el que vivo y que la música represente mis vivencias y las de la gente que tengo alrededor. El nombre es importante. En un momento te acostumbrás y creés que no lo es, que es el nombre que quedó, pero eso también es una postura estética: decir «Ahora el nombre es este y no es más aquel».

Usar el nombre propio también suma responsabilidad, porque obliga a hacerse cargo de lo que se interpreta. El que canta es Gonzalo Deniz y punto.
Usar otro nombre me daba esa libertad, pero son argumentos que sirven para las dos cosas. También es liberador decir «Soy yo». Y también lo pensé a la hora de las letras: qué quería escribir, qué me interesaba mantener del estilo anterior y qué me interesaba cambiar. Pero hay una relación más directa con mi vida. Ahora soy yo el que hace música, y lo que haga va a llevar mi nombre.

Y se mantiene una continuidad con ese pasado.
Sí. Soy un fundamentalista del término medio. Primero tuve ese impulso más radical de que todo tenía que ser distinto, que tenía que tocar con otras personas, cambiar la estética, todo. Y después dije no, voy a seguir con Franny Glass porque todo este trabajo tiene que mantenerse. Al final encontré un punto intermedio que es Mientras tanto, en Montevideo, que es una manera de comunicar este proceso de una forma similar a como yo lo siento. Este disco es como un híbrido, lo pensé como un concierto también. Si voy a tocar en vivo, ¿qué canciones me interesa traer del pasado y qué quiero mostrar de lo nuevo? Ahora estoy muy metido en esto, se abrió esta parada intermedia que me tiene muy entusiasmado. 

¿Cómo fue el proceso creativo de estas nuevas canciones?
Cuando estaba eligiendo las canciones que iba a grabar, me dije que tenía que incluir una o dos nuevas. Después empecé a ampliar, incluso a mirar otras canciones viejas, de Mersey o de lo que grabé con Luciano Supervielle, porque no quería grabar temas que me parecía que ya tenían su versión definitiva. Iba, grababa y después tenía un par de días en los que escuchaba y se me ocurrían ideas, que terminaron en canciones. La grabación tuvo algo de entrecasa, no era que el baterista había grabado su parte la semana pasada y después no se podía cambiar, sino que iba con la guitarra y se grababa todo junto, y a partir de ahí construíamos. Podía empezar de cero cuantas veces quisiera.

¿Qué reglas te impusiste para componer?
En Canciones de amor para el fin del mundo desarrollé determinadas reglas armónicas, de estructura y letra muy propias del pop. Si ahora me ponía reglas distintas y obligaba a que la parte intuitiva de la composición (que se me ocurra una melodía o una frase) pasara por ese filtro, se generaba la idea de algo extraño y familiar a la vez, con elementos conocidos pero que también están dispuestos de una manera que parece desencajada. Se trató de trabajar con canciones sin cambios de acorde, o por fuera de la escala de la tonalidad en la que estaba trabajando; abrir la posibilidad de usar cualquier nota en una misma canción por más que quede disonante. Para mí como cantante y como músico fue un lindo ejercicio. Tocaba cosas que me sonaban muy extrañas y después, de tanto tocarlas, terminaban sonándome normales. Fue un experimento que me gustaría seguir desarrollando, pero creo que todavía no tengo las herramientas para desarrollarlo, por eso lo puse en pausa.

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Franny Glass concluyó su recorrido después de 15 años

Durante el proceso de grabación, Deniz publicó un par de textos en sus redes sociales en los que hallaba conexiones entre eventos de su propia vida y lo que estaba sucediendo en ese momento con su nuevo material. En uno de ellos narró una caminata por el barrio de su infancia, el Cerro, que disparó memorias múltiples: “Ayer dormí y soñé, y terminé de grabar un disco que tiene canciones viejas y canciones nuevas, que es un recorrido por lugares del pasado, pero viéndolos desde un lugar en el presente, y con un tesoro lleno de futuro en las manos”, escribió, junto a una imagen de la vista de la ciudad desde la terraza de la casa de sus padres.

En otro, detalló puntos de contacto entre sueños, nombres, canciones y títulos que marcan también este proceso de cambio artístico que está atravesando. Coincidencias y paralelismos que para los más espirituales serán manifestaciones de un destino inevitable. Para otros serán solamente coincidencias. Pero ahí están.

“Algo que me preocupaba es que este disco no fuera solo una retrospectiva, sino que muestre lo que he hecho, lo que quiero hacer, y el momento en el que estoy –dijo Deniz–. Surgieron conexiones que tenían que ver con mi formación, mi niñez, con cosas como ir a la casa de mis padres y acordarme que la vista desde la terraza era como yo me imaginaba una tapa de disco. Esas cosas seguramente tenían que ver con que yo estaba sensibilizado por haber finalizado el disco y, sin querer, estar grabando me abrió una puerta a ciertos recuerdos que tenía bloqueados. Para el disco también quise invitar a mucha gente que me ha acompañado, pero no en el formato más típico de feats, ya que simbólicamente me importaba que una determinada persona grabara un coro o una guitarra. Al principio tenía unos postulados muy estrictos para el disco, y terminé abriendo la canilla y la puerta, y entraron todos mis amigos y los recuerdos. Terminó siendo una maraña de cosas más representativas del presente. Terminó ganándoles el presente al pasado y al futuro”.

¿Esto es un salto al vacío pero con la red de las canciones anteriores debajo? 
Cuando grabás un disco o hacés un concierto decís «es mi próximo paso», pero por ahí la gente tiene una idea más difusa de lo que hiciste en los últimos años, salvo quienes realmente te siguen de cerca. Pero me parece que el público al que puede interesarle lo que hago no está tan encima. Había canciones que había tocado en vivo y que sus versiones en vivo eran para mí más definitivas que las que había grabado en aquellos discos. Me pregunté entonces qué letras me seguían pareciendo de interés, qué cosas puedo relacionar con lo que estoy haciendo ahora, qué canciones me hacen sentir orgulloso. Y ahí está la red. Me entusiasmé mucho con las canciones nuevas que surgieron, y en la grabación decía que las viejas son las de relleno. En realidad, el público que escuche va a conectar con ellas más inmediatamente, aunque yo dijera que eran relleno y aunque son las canciones más importantes que hice en mi vida (risas). Tampoco tengo grandes éxitos, pero no quería que fuera un greatest hits, sino algo de entrecasa, en el que las pequeñas pifias quedaran igual. No quería poner las canciones en un pedestal, sino hacerlas reales, espontáneas. 

No es muy común que un artista ya tenga pensado su siguiente paso después del más inmediato, y sin embargo ya parecés tener el repertorio para lo que viene después de lo que se va a presentar ahora.
Si bien suelo proyectar hacia adelante, siempre que hago algo pongo toda la carne en eso, no me guardo cosas para después. Pero sentía que me estaba metiendo en un terreno más desconocido y necesitaba tiempo. Que estaba cambiando y no podía dar un paso en falso, tenía que tomármelo con la seriedad que ameritaba, y mientras tanto tenía que tocar en vivo. De ahí lo del «mientras tanto» del título. Mientras desarrollo ese nuevo repertorio, necesito trabajar, quiero mostrar las canciones, quiero encontrarme con la gente en los conciertos, y de ahí viene este disco. Lo pienso como un disco para trabajar. Últimamente he pensado cada vez más en el álbum no como una obra en sí misma que después tiene que ser reproducida en vivo, sino como un resultado. Tenés un repertorio y de repente vas y lo grabás, como fue con Canciones de amor para el fin del mundo. La idea del álbum que existe desde los años 60 empecé a cambiarla en mi cabeza y a decir «Esto es el resultado de un proceso que se da en los escenarios», y pensaba que este disco es lo que voy a tocar en vivo mientras sigo trabajando en el nuevo repertorio. Y lo voy a grabar en el mismo formato que lo voy a tocar en vivo: con mi guitarra y acompañado por amigos.





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