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Natalia Sandberg, una artesana de los genes y el «manotazo de ahogado» con el que encontró al homicida de Lola

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Natalia Sandberg, una artesana de los genes y el «manotazo de ahogado» con el que encontró al homicida de Lola


Cuando era alumna de la Facultad de Ciencias, tocó la puerta del entonces decano Ricardo Ehrlich  y le pidió por favor que hiciera un convenio con el Ministerio del Interior para que pudiera  hacer su tesis de grado en Policía Científica. Ehrlich, que desde hace días estaba intentando hacer memoria para ver si recordaba a Natalia Sandberg en sus días como estudiante, cuando se le recordó la anécdota, se acordó enseguida. “Surge la iniciativa de esta muchacha y mi rol se limitó a hacer el puente”, contó el exdecano a El Observador

El obstinamiento como vínculo entre la pasión y la acción en consecuencia es lo que marcó su vida. Cuando algo “surge”, no toma demasiado tiempo en analizar las limitaciones, actúa y va tras ello. Sobre esos pilares se forjó su carrera, en la que no hay tiempo para revisar las decisiones. 

Así arrancó. De chica, pasaba horas de sus días y fines de semana mirando Investigation Discovery, lo que la convenció de que quería trabajar en el ámbito forense. Las series policiales son taquilleras, pero después son pocos los que permiten pasar esa pasión a su vida. Además, tuvo que decirles a sus padres que era eso a lo que quería dedicarse.

“Siempre me motivaron para que haga lo que me gusta, por supuesto que estuvo eso de, ‘bueno, te vas a morir de hambre, ¿qué es lo que vas a hacer?’ Cuando yo empecé a trabajar, este era el único lugar en todo el país en donde podías trabajar. Yo, con eso fijo en la cabeza, me metí a hacer esa carrera y dije: lo voy a conseguir, voy a entrar cueste lo que me cueste”, cuenta Sandberg a El Observador.

El camino tampoco fue tan ágil: ella soñaba con ser genética forense y esa carrera no existe en Uruguay. Aun así, se licenció en Biología con especialización en Genética y después de eso hizo un master en Ciencias Biológicas en la Facultad de Medicina. Además, todos los años va a cursos del FBI donde la ponen al corriente de las novedades en materia criminal. 

Actualmente lidera un equipo que conforman otras tres mujeres, que destacaron su puntillosidad, exigencia, pero también su forma risueña y relajada en el trato. Estos días los flashes la incomodaron un poco, entonces cuando larga un chiste circunstancial acompañado de una carcajada, una de sus compañeras dice: “Ves, así es Natalia”. “Aunque para trabajar es la seriedad en persona”, aclara otra. 

Natalia Sandberg, la directora del laboratorio

Los policías que trataron con ella destacan su predisposición para explicar y cómo atendía el teléfono “a cualquier hora”. “Ella estaba de viaje y la llamé, para ella eran las dos y media de la mañana y me dio todas las sugerencias que necesitaba”, asegura uno de ellos.

El laboratorio que comanda en la Dirección Nacional de Policía Científica está encargado de analizar muestras de todos los criminales del país y ver si existen coincidencias con casos sin resolver. “Ese es el trabajo base, pero yo siempre me estoy buscando alguna cosita que se salga de los lineamientos del día a día porque tengo esa motivación. Me gusta la adrenalina de estar aportando y darle vuelta a cosas. O sea, no ser el típico funcionario que viene y trabaja y se va a su casa. No me puedo encasillar en ese trabajo habitual”, describe. 

El caso Lola

 

Para quienes nunca tuvieron un hallazgo de tamaña magnitud, es difícil pensar si esos grandes inventos de los que se leen en los libros  son producto de una suerte de epifanía o de un proceso. 

La genetista Sandberg, recuerda que una noche, hace casi dos años, miraba en su casa videos sobre crímenes en Youtube. Ahí le apareció en videos sugeridos uno sobre el caso Lola Chomnalez, la adolescente argentina asesinada en Rocha en 2014.  Era un reportaje a los padres de Lola. La empatía la llevó a la indignación y, rápidamente, a la acción. 

“Fue ver el dolor que tenían esos padres y esa necesidad de justicia, de  que se llegue a esa persona que cometió el hecho. Me  dije ‘no, no, no, yo tengo la base de datos a cargo, algo tengo que hacer’. Al otro día vine, me senté, abrí en la pantalla el perfil genético y dije: ¿qué puedo hacer? Y así fue que surgió esto de empezar a tirar de estas líneas de investigación”, relata. 

Natalia Sandberg, la directora del laboratorio

Después de eso, la epifanía: “Ahí, no sé, me iluminé”. Días antes había estado revisando en la página del FBI los softwares que estaban por crear, las versiones que iban a tener en el futuro. Entre ellas, que se iba a poder buscar el parentesco a partir de una evidencia genética. “Mi idea fue imaginarme cómo podría manejar el software, en una búsqueda de ese estilo fue que, artesanalmente, por decirlo de alguna manera, traté de ponerlo en práctica desde la versión que nosotros tenemos, que al día de hoy no nos permite hacer eso”, explica. 

La genetista repite: “Fue un trabajo artesanal”. Como todos los trabajos de este tipo, antes tuvo varios momentos de “prueba y error”. Muchos. “Cambiaba tal cosa del software y no servía, cambiaba tal otra cosa y tampoco. El gran orgullo que tengo en el terreno personal es que pensé en varios momentos en dejar todo, pero había algo mío que me hacía lavarme la cara y al otro día volver a empezar”. 

Las “frustraciones” de la genetista ocupan dos carpetas que se rebalsan de hojas analíticas y otros estudios. El primer hallazgo ponía su rol en jaque. Su intención había sido encontrar al padre, madre o algún hijo en la base de datos de los criminales –único elemento contra lo que podían contrastar las muestras–, pero únicamente ubicó a un hombre que tenía el 50% de coincidencia  con el homicida. “Era una coincidencia muy grande, pero por una diferencia en el cromosoma Y yo ya sabía que no era un pariente directo como el que yo buscaba (…). No me quedó otra que hipotetizar en base a la similitud en los perfiles genéticos de esta persona criminal y de la evidencia hipotetizar que podía ser un medio hermano materno”, cuenta. Después de años de no encontrar coincidencias, el 50% era enorme, pero bajo la lupa objetiva de la Justicia, “para una relación de parentesco del tipo medio hermano materno era bajísimo”. 

Las familias de criminales

“Desde la genética existen familias de criminales enteras”, dijo la genetista en conferencia de prensa. Ese fue el principio que le permitió hipotetizar esta teoría que terminó individualizando al homicida de Lola.

“Hay condicionantes que son genéticas para determinar el comportamiento de una persona y y cosas fisiológicas (…) A eso se suma el entorno, la forma de crianza, el aprendizaje, la calidad de vida y a partir de ese combo existe un criminal o no”, explicó. 
En el terreno de las enfermedades, eso se llama Epigenética. Consideró que con el crimen podría ser similar.

“Siempre tenés que dar cálculos estadísticos apoyando tus resultados (…) Por el lado de la estadística objetiva era muy arriesgado, pero por el lado subjetivo, si se quiere con mis conocimientos y todo el background que yo tenía, pensaba: ‘Es muy difícil encontrar una persona que no tenga nada que ver con esa persona con esa similitud en genético’. Entonces mis informes fueron más que nada subjetivos y señalando que era una hipótesis nueva de investigación. ‘Tómenlo como la hipótesis de una loca’, les dije”, recuerda. El juez Juan Giménez Vera dio su beneplácito y aseguró el éxito. 

“Para mí podía ser el escrache profesional más grande de mi carrera, pero me parecía que podía salir bien y valió la pena (…) La estadística no me acompañaba. Uno en genética tiene que ser objetivo y yo opté como manotazo de ahogado”, confesó. 

Cuando dieron con la madre del hombre y lograron confirmar que era la misma madre que el homicida de Lola, por fin sintió que había dado en el clavo. En el medio, días de estrés y nerviosismo que la tenían “caminando por las paredes”.  Cuando le llegó la confirmación, se relajó y pensó que podía llegar a haber contribuido con la paz de una familia.

En estos dos años, resolvieron homicidios y violaciones con otras versiones de estas modificaciones que hicieron en el software. Adriana Belmonte,  la madre de Lola, dijo a El Observador que solo tenían palabras de agradecimiento para Natalia. “Encontrando esta prueba irrefutable a nosotros nos cambia la calidad de vida”, sostuvo. Además, expresó que no es casualidad, puesto que su nombre significa ‘nacimiento’. 





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