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Los «equilibrios» entre comunistas que dejan a Andrade y Castillo como punteros hacia 2024

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Los «equilibrios» entre comunistas que dejan a Andrade y Castillo como punteros hacia 2024


Las vallas, las puertas y un grupo de militantes intransigentes sellaron el paso al Club Cordón sobre las 16 de la tarde de este domingo. Pasada esa hora, ni a los propios camaradas se les admitió el acceso. Adentro, uno por uno, a mano alzada, comenzaba la votación de los 117 nombres propuestos para integrar los 60 puestos titulares que tendrá el nuevo Comité Central, el máximo órgano de conducción del Partido Comunista (PCU). 

Más de tres horas y media después, una versión de ‘La Internacional’ cantada a viva voz con puños en alto daba por culminados tres días de Congreso, y consagraba a la nueva dirección electa. En el medio estaba Juan Castillo, secretario general del partido desde 2017, ungido esa noche como el más votado entre unos 675 delegados con posibilidad de alzar la mano. 

«En la previa decíamos que podíamos tener un Congreso más, o un gran Congreso. Hoy salimos de un gran Congreso», sostuvo en diálogo con El Observador. «No recuerdo desde hace cuánto tiempo que una resolución general de Congreso se vota por aclamación», comentó. «El PCU tiene más fuerza, está más vivo; nuestros camaradas son muy mirados y respetados. Se destacan nuestros cuadros militantes. Creo que hay un acierto de la línea del partido, que es asumida por todos y puesta en práctica en cada uno de los territorios», resumió. 

El domingo consolidó un espaldarazo de la estructura a su conducción, en un período en que los camaradas ganaron peso en el Frente Amplio y en las masas, dos círculos clave en la idiosincrasia comunista. En el podio de los nombres más votados figuraron también la dirigente del Sindicato de la Construcción (Sunca), Laura Alberti, y el senador y exprecandidato a la presidencia, Óscar Andrade. 

«Equilibrios»: ese es el concepto escogido por varios dirigentes consultados para analizar la votación. De un lado los aplausos y abrazos que rodearon a Castillo, el articulador político, el referente partidario, cuando el suyo fue el primer nombre mencionado para el nuevo Comité Central.

Del otro, un liderazgo hacia los militantes –e incluso más allá de la estructura– como el de Andrade, que no arrasó dentro de la orgánica, pero que inexorablemente lo mantiene posicionado como el as bajo la manga que tiene el PCU para jugar hacia 2024. Los dos se complementan, con el primero que va a dirigir las conversaciones hacia adentro, y el segundo que desequilibra por afuera. 

Esa lectura, presente en la primera línea de la dirigencia, presagia que el PCU tiene margen para largar un candidato propio, y por lo tanto le concede poder a la hora de sentarse a negociar en la interna frentista. El apoyo de los comunistas fue decisivo para apuntalar a Carolina Cosse a la Intendencia de Montevideo. Una de las incógnitas que el tiempo dirimirá es a quién respalda el PCU para 2024, y qué papel juega Andrade en eso. 

Otro mensaje fuerte recayó en la línea ‘ortodoxa’ –asociada en la jerga comunista a la «burocracia partidaria» o la orgánica más disciplinada– cuando el nombre de Daniel Marsiglia, secretario de Unidad Política del PCU desde 2004, no alcanzó los apoyos para entrar al Comité Central, y quedó dentro de los 30 lugares suplentes.

Tal como informó El Observador, los últimos tiempos marcaron un desgaste en su gestión, con chisporroteos que llegaron a asomarse en declaraciones públicas de Andrade. Marsiglia era hasta ahora uno de los interlocutores históricos de la colectividad política hacia el Frente Amplio y otras organizaciones sociales, e integró en el último trecho el comando de campaña de la Comisión por el Sí. 

Dentro de ese perfil –los principios comunistas no admiten «fracciones»– la estructura sí premió a Guillermo Reherman, actual secretario de Organización, uno de los roles de mayor peso en el partido. Marcelo Abdala, presidente del PIT-CNT, volvió a estar entre los más votados, al igual que ha sucedido en los últimos congresos. 

El diputado Gerardo Núñez, que bajó su candidatura al Comité Central luego de una denuncia en juzgado de familia por violencia de género, no estuvo presente en el Congreso. 

Fortalecer el bloque social

El PCU emitió una declaración en que celebró los resultados del Congreso, «en el marco de la crisis orgánica y estructural del capitalismo», en la que «se multiplicaron los mil millonarios y las ganancias de las trasnacionales, mientras millones de personas cayeron en la pobreza y enfrentan el hambre».

La colectividad arremetió contra «la fracción más conservadora del bloque de poder» que asumió el gobierno, «hegemonizada políticamente por el herrerismo, con una presencia importante del agronegocio y el capital financiero, un peso inédito de la ultraderecha y con componentes de rasgos fascistas».

Con ese telón de fondo y las instancias del referéndum, el PCU marcó su énfasis en fortalecer el bloque social –mediante «la acumulación de fuerzas del pueblo»– y las alianzas con organizaciones sociales. Los camaradas apuntaron que el Congreso del Pueblo anunciado por el PIT-CNT «es una iniciativa valiosa» a apoyar «para lograr la máxima amplitud y un diálogo mano a mano». 

«Hoy la contradicción sigue siendo en entre la oligarquía y el pueblo», sintetizaron, contraponiendo «dos proyectos de país» entre el que componen «las grandes mayorías nacionales» y el que a su entender constituyen «las clases dominantes que nos gobiernan». 





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