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Lacalle Pou volvió a ganar un balotaje pese a dos años de desgaste

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Lacalle Pou volvió a ganar un balotaje pese a dos años de desgaste


Fue un balotaje adelantado. O una repetición del protagonizado en 2019. Fue una “elección de medio término”, según habían analizado políticos y politólogos. Es decir, la jornada de este domingo 27 fue, solo en apariencia, un referéndum por 135 artículos de la Ley de Urgencia, pero analistas y políticos sabían que se jugaba bastante más. Sabían que, ante la duda sobre el contenido de la LUC, -y a saber por el alto número de indecisos de último momento las dudas eran demasiadas- mucha gente aprovecharía para darle un golpe al gobierno o para avalar su gestión.

En realidad, los 135 artículos de la LUC fueron lo menos importante a medida que avanzaba la campaña. Primero fue el Frente Amplio quien empezó a difundir lo que ya era obvio: la convocatoria iba más allá de la letra de la inofensiva norma; lo que estaba en juego era el respaldo o no de lo hecho por el presidente Lacalle Pou en sus primeros dos años de gestión.

Luego, el propio presidente concedió que el contenido de la ley era un enigma que poco iba a influir en el ánimo de los votantes. «¿Cuántos de los que van a ir a votar leyeron todos los artículos? Es más, te hago un descuento: ¿Cuántos de los que van a ir a las urnas leyeron el 10% de los artículos? Mucha gente va a ir a votar a favor o en contra del gobierno”, dijo Lacalle Pou en El Espectador a principios de marzo. 

Los politólogos coincidían en el diagnóstico: el politólogo Óscar Bottinelli dijo que el referéndum era una  “elección de medio término”, y Porzecanski le encontró “aroma a balotaje”.

La de este domingo fue la verdadera encuesta, tangible, muy distinta a esas inasibles y sujetas a errores como las que mostraban al presidente Luis Lacalle con más del 50% de aprobación.

Por tanto, es indudable que el triunfo del NO  representó, antes que nada, un espaldarazo a la gestión del gobierno y, más precisamente, al presidente Luis Lacalle Pou quien fue figura principal de la campaña en defensa de la ley aprobada en el parlamento por la coalición de gobierno.

Lacalle Pou ganó el balotaje de 2019 por unos 37 mil votos (1,5%), y, en esta especie de elección de medio término, el No (el gobierno) se impuso por una cantidad casi idéntica. Y esto ocurre después de casi dos años de iniciada la administración Lacalle, cuando los mandatarios suelen sufrir un importante desgaste. Además el escenario no era el más indicado para que el gobierno fuera plebiscitado: suba de combustibles y de alimentos básicos, y pérdida del poder adquisitivo de los salarios y las pasividades.

Ante la duda sobre el contenido de la LUC, -y a saber por el alto número de indecisos de último momento las dudas eran demasiadas- mucha gente aprovechó para darle un golpe al gobierno o para avalar su gestión.

También es cierto que la encuesta abierta de este domingo no implica un golpe duro para la izquierda aunque sí una de esas bofetadas que actúan como un tatequieto. El Frente Amplio puso todas sus fuerzas en tirar abajo una ley y convirtió el referéndum en un plebiscito. Y perdió. Pero mostró su capacidad de movilización y falta mucho para las elecciones nacionales como para afirmar que esto le complica sus chances en el 2024.

Y, como fue dicho, la diferencia entre una y otra opción fue mínima. Porque, ¿cuántos votaron contra la LUC pese a estar satisfecho con la gestión del  gobierno? ¿cuántos la respaldaron en las urnas aunque el resto de lo hecho por la administración multicolor no lo satisfaga? Imposible saberlo, pero es muy válido sospechar que esas casos fueron minoritarios.

Hasta las elecciones nacionales falta el resto necesario como para las partes en pugna tropiecen y se vuelvan a levantar muchas veces.

Por otra parte, los votos anulados seguramente representan lo que verdaderamente son: la decisión de personas que resolvieron no tomar partido por ninguna de las dos opciones. Para anular un voto es necesario poner en el sobre dos papeletas distintas o una papeleta con un objeto extraño. Una forma de votar que requiere una pequeña ingeniería que difícilmente se concrete por azar. Pero ¿qué quisieron decir los que votaron en blanco? ¿sabían que de esa forma beneficiaban al gobierno? Y, si lo sabían, ¿por qué no votaron por el NO directamente? Para votar en blanco, solo se necesita meter en la urna un sobre vacío, algo que probablemente hayan hecho muchas personas que lo que querían expresar era hastío o indiferencia más que un sufragio indirecto a favor del gobierno.

Como sea, y como dicen habitualmente los encuestadores, lo del domingo fue una foto y no revela una película entera. Es decir, hasta las elecciones nacionales falta el resto necesario como para las partes en pugna tropiecen y se vuelvan a levantar muchas veces.

Muchas variables que nada tienen que ver con la LUC aparecen en el horizonte ya casi despejado de una pandemia que terminó beneficiando al gobierno dado el buen manejo que realizó de ese inesperado ataque a la salud de la gente y a la economía del país.

El empleo y el poder adquisitivo de los salarios serán esenciales como casi siempre lo fueron. En octubre de 2024 la LUC quedará allá atrás en el tiempo. Y los festejos y las tristezas dependerán de cosas más inasibles y de otras más importantes que la de estos 135 esmirriados artículos de la LUC. Y, además, Lacalle, el principal padre de esta victoria, no podrá ser candidato.

Ninguna gran novedad trajo un referéndum que dejó tras de sí una de las campañas más lamentables que se recuerde. El país sigue dividido en dos partes casi iguales entre el Frente Amplio y el bloque de nacionalistas, colorados, cabildantes e independientes. Demasiados gritos, demasiados agravios, demasiado gasto de energía para enterarnos de algo tan evidente.

 





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