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la golpiza a un joven en Punta del Este en la voz de los vecinos

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la golpiza a un joven en Punta del Este en la voz de los vecinos


El escaso movimiento y el silencio tranquilo de la calle Polux, en el barrio Pinares de Punta del Este, se resquebrajó de un momento a otro en la noche del sábado.

–¡Es ese hijo de puta!

–¡Agarralo, dale!

–¡Te voy a matar!

Con gritos, corridas y varios insultos, cuatro hombres interceptaron a otro al confundirlo con un ladrón y le dieron una golpiza. La víctima, un joven de 18 años, resultó ser un vecino que está veraneando en la zona junto a su familia. El caso fue denunciado ante la Policía y los agresores quedaron en calidad de emplazados: este miércoles serán citados a declarar y el martes lo hará el joven lesionado, según indicaron fuentes de Fiscalía a El Observador.

Pablo Romero, padre del muchacho golpeado, lo cuenta así: alrededor de las 20:30 su hijo salió a «dar una vuelta» por el barrio con «un estilo de vestimenta asociado al rap»: un gorro de visera, un canguro negro, pantalones cortos y los auriculares para escuchar música. Las vacaciones, hasta ese momento, venían siendo tranquilas. «Normales», dice el padre.

Sin embargo, unos veinte o treinta metros después de cruzar la portera de madera, el joven recibió un golpe en las piernas que lo hizo trastabillar.

Es un ladrón, pensó. Lo mismo creían de él los agresores.

«Chorro, te vamos a matar» y «chorro, te la vamos a dar», le dijeron.

—¡Soy un vecino! ​—respondió.

—No mientas, te vamos a reventar ​—contestaron ellos, según la versión del joven que fue narrada por su padre.

Asustado, el muchacho corrió hacia el sur y llegó a una rotonda donde la calle Polux muere en Ñapindá. María, una vecina de la zona, lo vio pasar «con cara de pánico» y le dijo a su marido inmediatamente: «¿Habrán agarrado a algún chorrito?».

En ese lugar fue interceptado por uno de los agresores, que subido a un cuatriciclo lo atropelló.

La rotonda donde el joven fue atropellado.

Esa versión, comunicada en primera instancia por la familia de la víctima, fue relativizada este lunes cuando uno de los denunciados dijo a Subrayado que lo habían tocado «apenitas».

Sin embargo, María contó a El Observador que vio el hecho desde el jardín de su casa y confirmó que el muchacho efectivamente fue atropellado. «Pensé que lo habían agarrado con las manos en la masa«, contó la señora, indignada por la situación y lamentando que un hecho de estas características, «tan desagradable», según calificó, ocurriera en el barrio. «Fue una animalada», aseguró la mujer que no salió a intervenir porque hasta ese momento no sabía lo que ocurría. 

A unos metros, otra vecina, Alicia, dice que también escuchó los gritos y que se acercó en camisón al portón de su casa pensando que su hijo adolescente podría estar involucrado en el ruidaje que, según contó, generó «un quilombo y pico» en una zona acostumbrada al silencio, solo interrumpido por los pocos autos que pasan por el lugar.

«Lo molieron a palos», indicó a El Observador la mujer, que aseguró que días antes había visto al joven de 18 años caminar por el barrio con sus auriculares «muy tranquilamente». «No molestaba para nada», aseguró, y luego agregó: «Parece un chico muy bien». «Yo también uso pantalones rajados y no soy ninguna chorra», expresó, enojada.

La comprobación

Romero contó que una vez que su hijo fue atropellado, el joven atinó a moverse para volver a su casa, cuando el agresor que conducía el cuatriciclo intentó volver a arrollarlo. Luego apareció un auto blanco modelo Gol, donde los ahora denunciados intentaron, según el padre, secuestrarlo.

El muchacho, sin embargo, logró escapar y corrió otra vez por la calle Polix, rumbo hacia su casa, pero los agresores lo persiguieron. Volvió a decirles entonces que no era un ladrón y que su familia estaba alquilando en la casa contigua a la suya.

Allí fue cuando, según la versión de la familia, los jóvenes decidieron comprobar si lo que decía el muchacho era verdad. «Si estás mintiendo, te vamos a pegar un tiro y te vamos a tirar en una zanja», contó Romero que le dijeron, según lo que el propio hombre de 18 años denunció ante la Policía.

«Ahí llegaron a la casa, con mi hijo en estado de shock y todo lastimado. Los recibió mi pareja y se dieron cuenta que habían cometido un error», indicó el padre de la víctima, que además trabaja como asesor de la Administración Nacional de Educación Pública (ANEP).

Uno de los agresores le dio al muchacho unos $ 3.500 para que «se comprara un gorro» porque el que el joven tenía «había quedado todo pisoteado». «Querían dejar zanjada ahí toda la situación», explicó Romero.

La familia hizo la denuncia policial y las lesiones del joven fueron constatadas en el Sanatorio Mautone, de Punta del Este, en la noche del mismo sábado. Romero contó que al volver a su casa sobre la 1 de la mañana los jóvenes «estaban en una especie de fiesta» con música a todo volumen «como si nada hubiera pasado».

Vecinos del lugar dieron la misma versión a El Observador, al asegurar que desde la casa de los agresores «hay una bochinchera bárbara hasta cualquier hora». «No dejan dormir a nadie», indicó Alicia que vive en el lugar desde hace varios años.

El Observador intentó dialogar con los jóvenes agresores, pero rechazaron hacer comentarios. 

El móvil policial y las vacaciones

Las vacaciones de la familia Romero tuvieron un abrupto cambio de planes luego de este sábado. «Todo es tensión aunque estés haciendo otra cosa», contó el padre, que lamentó que estos hechos ocurrieran en el momento del año donde finalmente pudo reunir a sus cinco hijos y al resto de su familia. 

«Tenemos la sensación de estar presos», agregó el hombre que dijo que están atentos a que ninguno, especialmente el menor, de cuatro años, se acerque al portón de la casa para no generar ningún intercambio que pueda generar «una situación indeseable» con los vecinos, cuyo portón está a poco más de tres metros de la casa de los Romero. 

La familia está evaluando si continuará o no las vacaciones, si bien el clima para la familia ya no es el mismo de los días previos, donde primaron las caminatas y las jornadas en las playas de Punta del Este.

Por el momento no quieren abandonar el lugar a la espera de las instancias donde deberán acudir a la Justicia para declarar, explicó Romero, que contó también que uno de los agresores le ofreció plata para irse del lugar. «Te pagamos los días que te quedan», aseguró que le dijeron en un breve intercambio que tuvieron sobre el mediodía del lunes, cuando uno de los muchachos salió a increpar que los periodistas presentes en el lugar estaban injuriando la casa.

Lo que abunda en la familia Romero son, ahora, las advertencias. «Tengan cuidado y no demoren mucho», le dijo el padre a dos de los hermanos del joven agredido que pretendían salir de la casa, mientras dialogaba con El Observador.

«Por lo menos tenemos guardia», fue la respuesta de uno de los muchachos, mirando de reojo a un patrullero que a media tarde se emplazó a unos metros de ambas casas, a pedido de la familia, para custodiar el lugar. «Estábamos absolutamente desprotegidos», dijo Romero minutos antes de que llegara el móvil policial, y aludió que los pocos metros que lo separaban de la casa de los agresores era una «preocupación» para la familia.

El barrio y los prejuicios

La excusa de los agresores para atacar al individuo de 18 años fue que, unas semanas antes, habían sido robados. Una policía incluso le dijo a Romero que en la zona había muchos hurtos y que, por eso, había que entender la reacción de los jóvenes: «Errar es humano», le dijo, según contó el padre de la víctima a El Observador.

Sin embargo, los vecinos contaron que es una zona muy tranquila donde no hay demasiados delitos. «Hay algún chorro oportunista que te roba», contó María, pero sentenció: «si pasa algo, pasa como en todos lados». Otro muchacho agregó que el hecho le parecía «inexplicable» y que era la primera vez que escuchaba de una situación así en el barrio.

Una mujer, propietaria de una casa que estaba siendo alquilada, contó que la zona es bastante calma en general, aunque reconoció que le han llegado varios mensajes en las últimas horas preguntándole si el barrio estaba complicado, a raíz del caso del joven de 18 años. 

La calle Polix, en Pinares de Punta del Este.

El padre de la víctima contó que realizó la denuncia pública porque, ante la respuesta de la funcionaria policial y la advertencia de uno de los agresores de que no le pasaría nada por ser «hijo de un embajador», creyó que la situación terminaría en la nada. «No quiero dejar pasar esto porque si uno permite la cultura de la violencia termina siendo cómplice», indicó.

Además, expresó que el muchacho estuvo tirado en su cama durante toda la jornada del domingo, con una almohada en la cabeza, y que en la familia han buscado «permanentemente el diálogo para contenerlo». En las últimas horas, según Romero, su estado fue un poco más eufórico, pero sus padres quieren que esté «tranquilo» y eso es lo que le quieren transmitir. «Él sintió que esto fue algo de chetos contra pichis», expresó en alusión al supuesto motivo de la agresión. 

El joven tiene algunos hematomas producto de los golpes en la espalda y un corte «profundo» en el gemelo, pero se encuentra bien de salud. Sin embargo, Romero aseguró que ahora deberán trabajar los miedos. «Que no sienta que por salir con un gorro de visera le puede pasar algo así». Y agregó: «Nunca pensamos que podía tener problemas por cómo se vestía».





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