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La declaración «inverosímil» del triple homicida de la Armada: «Cinco personas me obligaron»

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La declaración «inverosímil» del triple homicida de la Armada: «Cinco personas me obligaron»


Durante toda la presentación, Jonathan Bragundi no despegó los ojos del resultado de lo que, según la fiscalía, había hecho. En ningún momento se dio vuelta para mirar a la cara a las peritos, que comentaban las imágenes de los cuerpos muertos de los marinos de la Armada Alex Guillenea, Alan Rodríguez y Juan Manuel Escobar, que Bragundi miraba casi obsesivamente. Detrás de él, miraban con atención familiares de Rodríguez y Guillenea, que se quedaron en sala impertérritos, pese a que les dijeron que mirarían imágenes que podrían impresionarlos sobre sus seres queridos. 

Impactos de bala  en los pómulos, orificios en la espalda y heridas en una mano, solo generaban suspiros profundos y leves cabeceos de los familiares, cuyo dolor iba por dentro. 

Con la comparecencia de las dos médicas forenses –Natalia Bazán y Silvia Gamero– y los alegatos de clausura, debía cerrarse el juicio por el triple crimen de los marinos de la Armada, ocurrido el 31 de mayo de 2020, en la Fortaleza del Cerro de Montevideo. Pero, intempestivamente, Bragundi decidió –contra el consejo de su abogado– que quería declarar ante la Justicia y como el Código del Proceso Penal así lo indica, la jueza María Noel Odriozola le hizo lugar. 

En su larga y confusa alocución, el exmarino Bragundi declaró un relato similar al que le había hecho a la semióloga del Ministerio del Interior, María Isabel Ledesma, cuando hicieron la reconstrucción del crimen en la escena de los hechos. Pero muy diferente a lo que había dicho en Fiscalía, donde en su momento reconoció el crimen. 

Comenzó por aclarar que él nunca fue desertor de las Fuerzas Armadas, tal como trascendió en la prensa. “Yo falté tres días y para ser desertor tenés que faltar cinco días. Mi líder de cuadrilla me llama para que me presente un domingo y yo me presento un sábado”, expresó. 
 

Allí narra un confuso episodio en el que, según él, le terminan pidiendo que se presente el lunes. Entonces le dicen que lo consideraban desertor, habló con el suboficial de cargo y le comenta que fuera al juzgado militar y al ministerio de defensa. 

Acto seguido, la novia lo echó de la casa y fue a pedirle a su  tío para quedarse en su casa, pero estaba muy mal económicamente y prefería no molestarlo, por lo que le pidió dinero a su hermano mayor para viajar a Treinta y Tres.  Luego de eso,  contó varias situaciones de su cotidianeidad, hasta que vuelve a Montevideo y conoce circunstancialmente a una mujer de nacionalidad italiana, que era vecina de la pareja en cuya casa después lo detienen. 

Varios entredichos después, él vuelve a la casa de la pareja y le piden que, sobre las 11 de la noche del 30 de mayo, vaya al almacén “a comprar piedras de azufre y un par de cosas para la comida”.

“Voy doblando a la esquina y viene un auto blanco, me pareció que era un Gol, y me pregunta una dirección. Le contesto. Cuando doy un paso parar seguir, esa misma persona me saca una Glock y bajan dos, me meten en la parte de atrás del auto, me preguntaron dónde estaban las armas. Me dijeron que los tenía que llevar a la Fortaleza del Cerro porque si no iban a matar a mi familia. Esa persona hizo una videollamada y estaban en la puerta de la casa de la tía”, manifestó sin dirigir la mirada a otra persona que no fuera la jueza Odriozola, que fallará a fin de mes.  

Después dijo que eran cinco las personas que iban en el auto y que le pedía ir a donde “guardaban todas las armas”, según él, siempre a punta de pistola. 

“Me hicieron golpearle la puerta, (ellos) me preguntan: ‘¿Qué hace Bragundi? Le hice señas con los ojos hacia la derecha de que tenía alguien atrás y entraron”, sostuvo.  Bragundi sostiene la versión de que lo “obligaron” a dispararle solamente a un marino, Escobar. 

Luego de todo ese episodio, de acuerdo a su relato, lo liberan y concurre a la casa de su tía y constata que estaba todo bien. Cuando se levanta el 31 de mañana en la casa de esta pareja amiga de esta mujer italiana, ve que “habían comprado un montón de cosas”. 

Según el imputado por homicidio, no denunció lo sucedido a la policía porque él está en “conocimiento de la corrupción que hay, (y que los policías) le entregan armas y chalecos a las bandas criminales que están ahí en el Cerro”. 

El alegato de clausura

La fiscal del caso, Mirta Morales, recordó los hechos que había relatado en la demanda acusatoria y ratificó el pedido de que Odriozola condene a Bragundi a 29 años y seis meses de prisión. Con nueve años de medidas de seguridad eliminativas.  Pidió que al homicidio muy especialmente agravado se les agregue los agravantes de la nocturnidad (el hecho fue cerca de la medianoche), uso de arma de fuego y abuso de confianza.

Afirmó que al momento del crimen, Escobar estaba en el dormitorio durmiendo, mientras que Rodríguez y Guillenea estaban en la habitación principal. Bragundi conocía la disposición porque, cuando era marino, había hecho guardia en ese mismo lugar. “Esperó el momento oportuno y sustrajo el arma de Escobar. Se dirigió a la pieza principal y les disparó a ambos. Primero a Rodríguez e inmediatamente después a Guillenea. Cayeron heridos fatalmente delante de sus escritorios”, aseguró la fiscal e indicó que después volvió al dormitorio y con la misma arma le disparó a Escobar, que intentó protegerse sin éxito porque estaba desarmado.  Fue el que más disparos recibió: seis.

Con los tres jóvenes ya muertos, les sacó las otras dos armas y sus cargadores, y se fue caminando. Logró salir por el mismo lugar que entró: agujeros en el alambrado que conocía desde sus tiempos como marino. 

Su objetivo, afirmó Morales, era “obtener dinero a través de la venta”. “La ejecución fue fría y sin miramientos, aprovechó sus conocimientos previos (…) Da muerte a tres personas en segundos”, enfatizó. 

Con respecto a la declaración de Bragundi, dijo que su relato “no tiene ningún asidero probatorio” y resulta inverosímil. Señaló que no entiende cómo una persona con formación militar no pudo defenderse de estas presuntas cinco personas, cuando portaba un arma. Además, insistió en que en el triple crimen se utilizó una sola arma y fue la de Escobar, la que Bragundi reconoció utilizar.  La sangre de Rodríguez aparece en sus championes y las únicas huellas que hay en el lugar son suyas. 

La defensa de Bragundi expresó que la fiscal no pudo vincular  totalmente los hechos a su defendido  y no pudo descartar la versión que él dio. “En los casos en los que hay dudas, esa duda debe jugar a favor del imputado”, recordó. 

 

A Bragundi lo quiere la Justicia militar

El 3 de agosto de 2022 Bragundi se deberá presentar ante el juez militar de instrucción de 1 Turno,  Coronel De Melo. Ni la fiscalía ni su defensa se opusieron al pedido. 





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