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Juan López, el edil de la polémica que vendió caramelos en un ómnibus y se rebeló ante un jefe de la marina

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Juan López, el edil de la polémica que vendió caramelos en un ómnibus y se rebeló ante un jefe de la marina


Cuando Juan López se despertó, su nombre ya era noticia en todos los portales. Y no precisamente por algo bueno: de la noche a la mañana, el celular del edil blanco –que dio el voto decisivo para que la Junta Departamental de Canelones aprobara un fideicomiso de US$ 44 millones para obras viales y de arquitectura a la intendencia– fue, por horas, el foco de atención de periodistas, dirigentes e incluso sus hijos, quienes le pedían defenderlo de las acusaciones.

Desde «traidor», «cuatro de copas» y hasta «pobre diablo», el dirigente canario cargó con un sinfín de agravios que, en principio, no lo llevaron a reaccionar, pero sí a perder pronto la calma. «Tranquilo, no vale la pena. Esto va a pasar y en la vida todo vuelve», le intentó transmitir a uno de sus hijos mellizos.

Al poco rato, esa tranquilidad ya era historia: «No puede venir cualquier tipo a decirte ‘vení, hacé esto’ y vos vas a tirarte de cabeza. A mí si venís y me convencés, (bien), pero ¿dándome una orden? ¿Metiéndome el gaucho? No es por ahí me parece«, expresó a El Observador.

De ese carácter particular es el que hablan algunos de sus compañeros cuando lo describen: «Lo conozco desde hace más de 20 años. Lo conocí como un dirigente de La Paz, como un hombre con convicciones en el partido, militando. Siempre fue una persona no muy destacada por su discurso, pero con carácter fuerte en su discurso y en su punto de vista. Lo defino por las vivencias políticas. Él hablaba un poco fuerte y gritando, pero hasta ahí nada más», señaló Ruben Obiague, su suplente en la Junta.

En la mañana de este miércoles López habló con varios medios de prensa para profundizar sobre su decisión y, de a poco, dejó entrever cómo elevaba su temperamento: pasó de poner en riesgo su carrera política y contar que estaba muy «bajoneado» a confesar que se había retirado «llorando» de la Junta tras la votación para luego no atender más el teléfono y analizar que él era «único perjudicado» de la historia.

A pesar de una larga trayectoria en política, la exposición y los ataques no son caminos con los que aún se sienta familiarizado. Cuando los llamados comenzaron a agobiarlo, mostró un vaivén de emociones y no pudo controlarse: «No estoy pasando por un buen momento. Se me tomó el pelo», reconoció a El Observador.

Luego reflexionó: «Esto va a pasar porque yo no maté a nadie, no cometí ningún error, no perjudiqué a nadie y si perjudiqué a alguien creo que es a mí, porque Canelones ya está endeudado y creo que va a ser mucho más importante lo que esto va a producir y (dar) en fuentes de trabajo».

El niño que vendió caramelos y dejó la marina antes de tiempo por un «arrebato»

Sus compañeros de militancia definen a López, de 63 años, como una «buena persona», de carácter «fuerte» y «muy servicial».

Así lo describió Carlos Bentancor, uno de sus excompañeros en política: «Era muy servicial. Siempre estaba peleando para la gente de abajo y buscando algo para alguien que estuviera mal. Ese es el concepto que tengo de él. Como persona no tengo ni un reparo».

«Tal vez no se destaque mucho en el actuar parlamentario, pero sí es de un temperamento fuerte», coincidió el exedil de Canelones Fernando Lúquez.

«Es una persona de estar permanentemente militando, muy cercana a las primeras figuras de Alianza Nacional. Nunca tuvo un inconveniente por el que digas que es una persona conflictiva», agregó.

La personalidad de López se forjó entre la temprana pérdida de su padre –a los 11 años– y sus saltos de un ómnibus a otro para intentar vender caramelos. Era algo común en la época, recuerda, y de las pocas alternativas que le quedaban para ayudar a su modesta familia: «A mí lo que me interesaba era laburar».

Se crio en Melo –porque sus familiares son de allí–, pero hizo toda la primaria en Canelones. Ni bien terminó la escuela entró a la Prefectura Nacional Naval para luego ingresar a la marina con casi 19 años. Tomó cursos en Argentina, se especializó y terminó oficiando como maquinista de las lanchas de Prefectura. También abrió su propio taller mecánico y además fue técnico y ayudante de un equipo de fútbol.

Horas después del episodio sucedido este martes en la Junta y algo más tranquilo, el edil reflexiona sobre su reacción y dice que no le asombra dado que algunas veces se ha dejado llevar por «arrebatos». Ya le pasó más joven, cuando en la marina, tras 23 años de servicio, se rebeló contra su superior y abandonó dos años antes de lo previsto.

Ante la pregunta de si era más importante su trabajo particular como mecánico o su tarea en la Armada, contestó: «Yo me voy; no vengo más tampoco. Es mucho más importante mi trabajo (en el taller) que acá». Y así se retiró a dos años obtener el pasaje de grado, decisión de la que se arrepiente hasta ahora.

«A veces los arrebatos son los que me llevan. Yo no digo que haya sido un arrebato lo que hice el martes. No. Lo hice convencido», expresó dubitativo.

López asume que su historia de vida podría haber sido distinta. Desde terminar en la cárcel o bien deambular como «malandro chico». Sin embargo, dice que llegó al lugar donde está porque dedicó todo su tiempo a “trabajar por los demás», a tratar de «hacer el bien común» y a actuar de buena fe. 

Este miércoles, el sector del Partido Nacional, Alianza Nacional, comunicó que decidió expulsarlo de sus filas, después de que el edil fuera el único de la oposición en Canelones que votara el permiso de endeudamiento por US$ 44 millones.

«Estas cosas de bajar la plancha y decir que soy un traidor no son democracia. Somos un partido de hombres libres, de libres pensadores», concluyó.





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