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fracaso tras fracaso para lograr mayor transparencia

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fracaso tras fracaso para lograr mayor transparencia


El martes pasado el colorado Ope Pasquet asumió como el nuevo presidente de la Cámara de Representantes. Como es habitual, en su discurso marcó los objetivos que intentará cumplir en los doce meses de su gestión. 

Pasquet declaró querer una mejora en el trabajo de la cámara, y en ese sentido se planteó una meta en la que varios de sus antecesores fracasaron. 

“Creo que es hora de que los ciudadanos que nos votan, puedan saber, fácil y rápidamente, qué votamos nosotros aquí adentro”, dijo. Y el instrumento para alcanzar ese objetivo, señaló, se conoce desde hace tiempo y es utilizado por muchos Parlamentos en el mundo: el voto electrónico. 

El dirigente colorado aseguró que este mecanismo le otorgaría una mayor transparencia a la actividad parlamentaria. Es que, salvo en los casos de votaciones nominales, en el sistema uruguayo es casi imposible saber cómo se expresó determinado senador en un proyecto en particular. 

Pasquet también admitió el desafío. Por distintas razones, varios intentos anteriores no llegaron a buen fin. Las causas fueron varias, vinculadas sobre todo a la dificultades técnicas y a las características particulares del funcionamiento del Parlamento nacional. 

Por lo pronto, las perspectivas no son venturosas. Se trata del cuarto intento por instalar el voto electrónico en el Poder Legislativo. El primero ocurrió ni bien recuperada la democracia, en 1985. Fue a iniciativa de una funcionaria técnica de la propia cámara, que realizó un diseño elemental que no logró pasar las primeras pruebas. 

Así se lo recordaron a El Observador varios funcionarios de la Comisión Administrativa de Representantes. 

Una de las ideas era detectar la asistencia de los diputados a través de un dispositivo colocado debajo de las bancas. 

El intento fracasó ya que el sistema interpretaba que cualquier peso significativo que se colocara en el escaño – un bolso, un maletín-era un legislador ocupando su puesto.  

Pasaron dos décadas para que la Cámara volviera a intentarlo. Era la época ya de la llegada de los primeros teléfonos inteligentes a Uruguay. 

Con financiamiento de la Unión Europea, el Parlamento recibió la asistencia de técnicos españoles que trabajaron durante meses para implementar un mecanismo que, también, resultó inviable. 

Según recuerdan los funcionarios, la base era una suerte de smarphone demasiado complejo de manipular. Incorporaba los textos de los proyectos de ley pero, como tenía una pantalla muy chica, era imposible de leer para los legisladores. El sistema de autenticación, basado en la huella digital de cada diputado, tampoco funcionó. 

Sin uso 

El tercer intento, y el más recordado, sucedió en 2013, bajo la presidencia del colorado Germán Cardoso que, según declararon varios funcionarios, fue “casi una excusa”. 

Por aquellos días la cámara lanzó una llamado a licitación para renovar el vetusto sistema de audio de la sala de sesiones. 

Con el proceso ya abierto, Cardoso resolvió “agregarle” como “aditivo” la provisión de tecnología para implementar el voto electrónico, que se convirtió en un “mero accesorio” del pedido general. 

El resultado: jamás pudo implementarse. “Como sistema de conferencias, es perfecto”, ironizó un funcionario. 

La adquisición se produjo a través de una resolución firmada por Cardoso el 2 de setiembre de 2013. El pedido, al que accedió El Observador, remarcaba que el llamado estaba destinado al suministro y mantenimiento de un sistema de audio y votación electrónica “llave en mano”.  Se presentaron cuatro empresas, resultando ganadora Onalur SA (Panaservice), que propuso incluir un “sistema de visualización de votación electrónica”. 

La adjudicación fue por un monto de US$ 330.774, más otros US$ 9.674 por repuestos, US$ 1.800 por dispositivos identificadores de votantes y US$ 28.298 por “adicionales para la optimización” del sistema. En total, la compra fue por US$ 370.546. 

El sistema, en la práctica, nunca funcionó.  Dotado de un sofware “cerrado” de origen chino, era imposible de modificar y adaptarlo a las características singulares del Parlamento uruguayo. En particular, la habitual rotación entre titulares y suplentes en la cámara. 

Así, cada vez que asumía un suplente, había que “bajar” el sistema e incorporarlo. Un proceso que insumía varias horas y que, al estar integrado, dejaba sin audio a la sesión. 

Eso, además, debía repetirse en cada pedido de licencias. 

Como alternativa, recordaron los funcionarios, se manejó en su momento que no solo los 99 diputados titulares, sino que todos sus suplentes estuvieran ingresados y pudieran participar en cualquier ocasión. 

Algo que suponía un desafio en materia de controles, al tratarse de casi 500 personas. 

El sistema incorporado bajo la gestión de Cardoso también presentó problemas a la hora de la validación. Basado también en la huella digital, decenas de pruebas resultaron infructuosas. 

El hecho de que se trate de un software “cerrado” implica que corregir todos los problemas que presentó resulte más caro que comprar un sistema nuevo y actualizado.

“Hicimos lo imposible para que funcionara, pero la realidad fue más fuerte”, señaló un funcionario. 

Más allá de la transparencia que implicaría conocer al instante lo que vota cada legislador, el voto electrónico ayudaría a resolver la certificación de quién asiste o quien no a cada sesión. 

Hoy, la tarea de contabilizar los votos y las asistencias está en manos de los funcionarios de Sala y Barra. El mecanismo incorporado por Cardoso continúa, en tanto, colocado ante las bancas de cada legislador. Sin uso.





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