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«Falta compromiso político y claridad de rumbo»

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«Falta compromiso político y claridad de rumbo»


El economista Marcel Vaillant, profesor e investigador del Departamento de Economía (FCS) de la Universidad de la República (Udelar) y especializado en comercio internacional, entiende que Uruguay debe potenciar su agenda de inserción internacional a partir de solucionar sus “problemas de economía política doméstica y de capacidad de juntar recursos políticos suficientes”.

En esa línea, el país debe trabajar en una agenda de reforma comercial que lo lleve hacia una apertura. Además, dice que es necesario abandonar el “sesgo” existente que lleva a pensar las relaciones comerciales únicamente vinculadas a la reducción arancelaria y los tratados de libre comercio (TLC) y que la clave está en entender que la agenda de inserción internacional es unilateral y está basada en “acciones propias que no dependen de acuerdos en condiciones de reciprocidad”.

En entrevista con El Observador, Vaillant expresó que Uruguay ha tenido insinuaciones en esa línea pero nada concreto y que para que este tipo de reformas se pueda llevar adelante se necesita “un poco más de vocación, de compromiso político y de claridad de rumbo”.

El 2021 estuvo marcado por el TLC con China y sobre fin de año un posible TLC con Turquía. ¿En qué momento estamos en lo que refiere a inserción internacional?

Lo primero es que la pregunta ya establece que el tema inserción internacional está referido a lograr conseguir acuerdos con terceros mercados, acuerdos preferenciales de comercio. Creo que eso es un componente importante pero que de alguna manera muestra un sesgo que, entiendo yo, es inadecuado con respecto al tema de inserción internacional. La agenda de la inserción internacional es, sobre todo, una agenda unilateral. Está basada en acciones propias que no dependen de acuerdos en condiciones de reciprocidad. Esto no quiere decir que los acuerdos recíprocos preferenciales no sean un componente fundamental. Lo son, pero no para centrar la agenda de inserción internacional en acuerdo con terceros, más considerando las restricciones diversas que tiene para Uruguay encarar estos procesos. Para Uruguay la inserción internacional es fundamental por un motivo muy simple, que está vinculado con el tamaño de su economía. El tamaño de una economía como la uruguaya es una restricción y una oportunidad. Es una restricción porque condiciona el tamaño de las actividades que puede realizar. Por otro lado, las economías de escala, que son fundamentales en la mayoría de las actividades económicas modernas de producción, implican que hay que especializarse, y eso es una oportunidad, porque los países pequeños expresan mayores potencialidades por su homogeneidad para llevar adelante un conjunto de políticas y eventos. La inserción internacional es fundamental para Uruguay, y para eso requiere una agenda de reformas que son unas cuantas y que tienen que estar alineadas con los acuerdos comerciales con terceros.

¿Qué significado tienen los acercamientos del año pasado con China y la posibilidad de Turquía?

Sobre esos acuerdos comerciales con terceros de los que se ha hablado en el 2021, creo que más que nada es poner el tema sobre la mesa, motivarlo, plantearlo con claridad y contundencia frente a los socios del Mercosur. De alguna manera eso revela las restricciones y el poco éxito que el Mercosur ha tenido en conseguir el proceso de integración que había alentado. Luego está lo otro, lo de construir la agenda con terceros, creo que eso viene siendo relativamente dificultoso y me parece que es porque no se han encarado ciertos aspectos domésticos.

Marcel Vaillant

Usted mencionaba en su cuenta de Twitter que Uruguay “carece de un programa consistente de reforma comercial orientado a la apertura”. ¿A qué hace referencia?

A tener un programa de facilitación de comercio, reducir los costos del comercio exterior tanto para importar como para exportar. Eso es algo que Uruguay puede hacer claramente frente a sí mismo alineado con el acuerdo de la Organización Mundial de Comercio (OMC), siguiendo las reglas internacionales e incluso puede buscar mecanismos de cooperación internacional. Son cosas que parcialmente ya ha venido haciendo, el tema es construir de eso un programa orgánico. Tenemos una Ventanilla Única de Comercio Exterior y tenemos operadores económicos autorizados. Necesitamos profundizar y perfeccionar un mecanismo de exportación fácil para usar las nuevas plataformas y las nuevas modalidades de comercio electrónico para las pequeñas y medianas empresas. Necesitamos tener un puerto que funcione con otros niveles de eficiencia y de productividad, que haga uso de las tecnologías de la información, de la digitalización y de la transformación digital. Todo esto tiene que ver con la gestión de la información. Tenemos que tener un programa logístico nacional alineado con la internacionalización para poder convertirnos en un nodo. Son cosas que están insinuadas, pero que no están maduradas ni perfeccionadas porque les faltan disciplinas, y para eso podemos usar los acuerdos plurilaterales.

¿Qué acuerdos?

Necesitamos seguir profundizando en la línea de tener una agenda completa de acuerdos con la Organización Mundial de Aduanas (OMA). Eso es muy importante porque es comprar buen disciplinamiento y para eso no nos restringe el Mercosur. Tenemos que tener aprobado el acuerdo de compras gubernamentales de la OMC, para eso tampoco nos restringe el Mercosur. También tenemos que tener aprobado el de bienes, de tecnologías de información y los de telecomunicaciones de la OMC. Es necesario aprobar el acuerdo plurilateral de patentes, que sigue en carpeta en el Parlamento. Tenemos que modificar un conjunto de instrumentos de política del gobierno que son poco amigables con el comercio exterior y que son barreras realmente insostenibles, como la tasa consular. La lista implica justamente hacer un programa consistente y armónico con eso, tener una institucionalidad moderna, que es una cosa que no tenemos.

¿Y cuál es la situación de hoy?

Hoy tenemos una fragmentación enorme de agencias de gobierno que intervienen en los temas de comercio internacional. Tenemos un único ámbito de coordinación que no está funcionando, la morosidad del país en materia de comercio internacional y en materia de ponerse a tono con un programa de apertura es muy grande. Los acuerdos a veces para lo que sirven es para ponerle motor a eso y disciplinarlo, pero son cosas que no es que no podamos hacerlas. Lo único que no podríamos hacer por nuestra cuenta es modificar el arancel externo común (AEC), que es un arancel absurdo para una economía pequeña. Eso también forma parte de la reforma comercial.

¿Cómo se resuelve eso?

Con 800 regímenes especiales de comercio que nos permiten vivir y no aplicar efectivamente el AEC, que está fuera de época al 150%. Además, contamos en estos años con la ventana de oportunidad de que Brasil, por lo menos en el relato y en las intervenciones públicas del equipo de economía y la gente que está encargada de los temas de política comercial, se ha alineado con esta idea, ya que también este es un problema muy grave para Brasil. Obviamente se moverá con la velocidad que puede moverse un gigante como Brasil, pero en el caso de una economía pequeña como la de Uruguay, estas acciones se pueden llevar adelante con un poco más de vocación, de compromiso político y de claridad de rumbo.

¿Por qué Uruguay no ha avanzado? ¿No hay compromiso político? ¿No hay vocación?

Hay cosas estructurales, pequeños bloqueos, pequeños intereses, relativamente minúsculos a escala de Uruguay pero grandes en términos de capacidades de bloqueo, que en cada una de las cosas que hemos mencionado han trabado la posibilidad de una agenda más dinámica en estas discusiones. El problema de Uruguay es claramente un problema de economía política doméstica y de la capacidad de juntar recursos políticos suficientes. Esto no es importante solo por un tema de prolijidad de la política comercial de preferencia con la apertura. Es importante porque para Uruguay el tema de inversiones, crecimiento y comercio funciona si movilizamos esto porque no hay otras claves dinámicas en movimiento. No existen y cada vez que hemos tenido empujes de posibilidades de crecimiento, de modificación, de dinamismo y de cambio de la productividad, el empleo y la inversión ha sido por este tipo de caminos que Uruguay ha recorrido con gradualismo, con un poco de impulso y con algo de freno, y así vamos. El problema es que el mundo va a otro ritmo y nos seguimos perdiendo oportunidades. En algunos aspectos el país ha cambiado bastante pero no termina de cristalizar un modelo de internacionalización relativamente consistente.

Marcel Vaillant

¿Dónde más hay que poner el foco, por fuera de los acuerdos con terceros, rebaja de aranceles y reforma interna?

En política de competencia, acumulación de origen, facilitación de comercio. En definitiva de lo que tratan los acuerdos preferenciales modernos, por ejemplo, el Acuerdo Transpacífico (TPP11) u otras iniciativas similares. Son acuerdos comerciales de última generación que lo que hacen es multilateralizar reglas, más allá de la OMC. Es un multilateralismo por conjunto de países y ahí se acuerdan muchísimas reglas, se armoniza la regulación económica entre los países, y eso ¿qué sentido tiene? Tiene el sentido de hacer un campo económico más grande donde la localización de la inversión sea posible con mayor flexibilidad y eso está directamente atado al comercio. Obviamente que junto con programas de liberalización del comercio en materia arancelaria, pero los aranceles como instrumentos fundamentales de la liberalización son un elemento del siglo xx. A comienzo del siglo xxi, el elemento fundamental fue limpiar la política comercial de otras barreras que no son arancelarias, y en la segunda década del siglo xxi el fundamental es la armonización regulatoria y la facilitación de comercio. Cómo han cambiado las ondas. Siempre se trata de lo mismo, de reducir la discriminación por origen de los países para facilitar el flujo de los intercambios y el flujo de la movilidad de factores. Siempre es lo mismo, lo que pasa es que los instrumentos han ido cambiando. Por ejemplo, la fragmentación de la producción o en la construcción de cadena de valor implica que debe llegarse seguro con la oportunidad y tiempo en un determinado insumo y un determinado lugar. Para eso no solamente se necesita libre comercio sino muchas facilitaciones y mucha productividad en las fronteras, que son conjuntos densos donde se involucran instituciones públicas y privadas que tienen que funcionar como un relojito. Lo mismo para el comercio electrónico, que básicamente es algo que se posibilita en virtud de la gestión de la información asociada con la gestión de la logística.

Cosas que Uruguay no ha logrado…

Esas cosas le demandan cambios a la política comercial y Uruguay ha insinuado avances puntuales un poco inconexos en cada una de estas áreas, por eso digo que necesitamos un programa de reforma que a todos los instrumentos de esta orquesta los haga sonar de forma armónica y alineada en una dirección. ¿Eso es contrario a hacer acuerdos comerciales con terceros? Definitivamente no, es a favor. Lo único que digo es que no nos podemos congelar porque un teléfono no nos contesta, ya que la tarea para hacer, las asignaturas pendientes, son muchas. Entonces, hay que seguir llamando por teléfono a quien sea, levantando las restricciones que tenemos y buscar acuerdos con terceros que aparte nos permitan comprar buen disciplinamiento internacional.

Usted ve con buenos ojos el ingreso de Uruguay a acuerdos plurilaterales, como el TPP11…

Hablamos de acuerdos preferenciales con terceros pero también los acuerdos plurilaterales son acuerdos recíprocos. Son acuerdos mayores en donde hay muchos países y donde no existe ninguna restricción por parte del Mercosur para que participemos. Sin embargo, no estamos, y son acuerdos necesarios. No van a cambiar la aguja del acceso al mercado en Uruguay este año o el año que viene, son efectos que tienen una onda mucho más larga y por eso mucho más profunda. Cuando concentramos el tema de la inserción internacional en los aranceles que vamos a dejar de pagar en la carne lo estamos bastardeando, lo estamos reduciendo a una cuestión ultramercantilista que no es que no sea un efecto que eventualmente vayamos a vivir, pero está lejos de ser el más importante.

Pero este tipo de acuerdo no sustituye a un posible TLC con un tercero…

No hay que hacer falsas oposiciones. Son complementarios. Esto ilustra cómo es la canasta de cosas que debemos buscar: una canasta que no debe tener restricciones. Pero el problema no se resuelve ahí, no es solo eso. Hay una agenda mucho más grande y hay que posibilitarle instrumentos institucionales y asignarle recursos adecuados, para que eso se pueda implementar. No podemos seguir pidiéndoles todas estas cosas a las dos o tres ventanillas que tenemos, por lo menos tenemos que hacer un esfuerzo de coordinación de reingeniería de la gestión, de ver cómo lo organizamos para llevar adelante una agenda ambiciosa y completa que enfrente los desafíos de la inserción de una manera cabal y no se reduzca a acuerdos comerciales preferenciales que van a permitirnos ahorrar el pago de aranceles.





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