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El mensaje final: Lacalle Pou apeló al rol que le sienta más cómodo para defender buque insignia de su gobierno

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El mensaje final: Lacalle Pou apeló al rol que le sienta más cómodo para defender buque insignia de su gobierno


A dos años exactos de la conferencia que marcó un antes y un después en su gobierno, y que no pocos visualizan como una de las victorias culturales más importantes de su administración –la decisión de no decretar una «cuarentena obligatoria»–, Luis Lacalle Pou volvió a sentarse este miércoles 23 de marzo frente a los periodistas y las cámaras de televisión, esta vez para dar un mensaje final en defensa de la ley insignia que será puesta a consideración de la ciudadanía el próximo domingo.

Para ponerle el broche final a la campaña del oficialismo de cara al referéndum de 135 artículos de la Ley de Urgente Consideración (LUC), el presidente de la República jugó en el terreno que, luego de interminables conferencias en los peores momentos de la pandemia, ha demostrado ser de los que le sienta más cómodo: el de hablarle a la ciudadanía para defender sus acciones de gobierno, manejar los tiempos y las respuestas, y en esta ocasión, argumentar a favor de la ley que refleja «gran parte» del programa con el que la coalición llegó al poder.

La fuerte popularidad que ostenta Lacalle Pou ya culminado su segundo año de gobierno –una evaluación positiva que, según las encuestas, supera con creces las preferencias firmes por la papeleta celeste– era un activo que en la coalición de gobierno sabían desde un primer momento que se iba a explotar en el tramo final de la campaña.

Por eso el presidente asumió el protagonismo del No en las últimas semanas y lo coronó este miércoles con una conferencia en solitario que duró casi media hora, y que motivó aplausos entre oficialistas y críticas en la oposición por la injerencia del mandatario en la elección, más allá de que la normativa constitucional estrictamente lo ampare.

Fuera de las cámaras y sobre un costado de la sala, estuvieron presentes el secretario de la Presidencia, Álvaro Delgado, el prosecretario Rodrigo Ferrés y los ministros Javier García (Defensa) y Fernando Mattos (Ganadería, Agricultura y Pesca), además de un puñado de asesores y otras autoridades.

En lo discursivo, el presidente no se apartó demasiado respecto a los argumentos que venía esgrimiendo en diálogos puntuales con la prensa, pero sí insistió en la «importancia» de que los 135 artículos no sean derogados y aludió a la «mayoría silenciosa» que a su juicio clama por que «las cosas se hagan y se cumpla el programa de gobierno».

En ese sentido, Lacalle Pou recordó que la LUC tiene su base «en los reclamos populares» y que su contenido se nutrió durante las recorridas por el país en plena campaña electoral de 2019.

Previo a las consultas de los periodistas, el presidente repasó tema por tema los ejes principales de su norma insignia y en todos los casos hizo valoraciones positivas sobre los beneficios que dejó su aplicación, aunque dejó por fuera uno de los artículos más discutidos: el nuevo mecanismo de fijación de los combustibles, votado también por la oposición en su momento.

El primer punto de la ley que defendió el presidente fue el de la seguridad pública, el gran caballito de batalla repetido una y otra vez por el oficialismo como uno de los méritos más significativos de la LUC. Lacalle Pou subrayó que en este capítulo en particular, el triunfo de la papeleta rosada significaría «claramente un retroceso», y adjudicó a la normativa parte de la reducción de los delitos, una vinculación que está en disputa tanto en el debate político como en la academia. 

Sobre educación, Lacalle señaló que las modificaciones introducidas por la ley buscan revertir el «notorio deterioro» de la enseñanza y aseguró estar «convencido» de que las nuevas herramientas, entre las que se encuentran especialmente los cambios en la gobernanza, son las convenientes. A su vez, defendió el nuevo sistema de garantías de alquiler al que se refirió diciendo que le toca «de cerca» porque fue un proyecto que él mismo impulsó cuando era diputado.

También alegó que la flexibilización del mecanismo de adopciones fue la responsable de que el sistema acelerara los procesos, algo de lo que según el mandatario «todos nos deberíamos alegrar». No faltaron consideraciones sobre la portabilidad numérica –un tema que, según dijo, «desapareció» del debate luego de que se difundieran números iniciales positivos para Antel–, la regla fiscal o la libertad financiera.

Según el presidente, la prueba más contundente de que la LUC es una buena ley es «el tiempo». Fiel a su obsesión con cronometrar su gobierno, el mandatario que desde su promulgación pasaron un año, ocho meses y 14 días de y que, en ese lapso, «los perjuicios que se anunciaban (desde la oposición) de manera grandilocuente no se han dado».

Efectos de una eventual derogación

En el oficialismo han señalado en varias ocasiones que el próximo domingo no se pondrá en juego solo la derogación de una porción del articulado de la ley de urgencia. En actos e intervenciones, líderes y ministros repitieron que el próximo domingo estará en juego el «derecho a gobernar» y atribuyen al Frente Amplio y el PIT-CNT cierto «revanchismo» respecto a las elecciones de 2019.

Consultado por los efectos de que la papeleta rosada obtenga la mayoría absoluta y que efectivamente la ley sea derogada parcialmente por la ciudadanía, el presidente evitó pronunciarse sobre el impacto simbólico que tendría ese escenario respecto a la espalda del gobierno para encarar reformas, y se concentró en cambio en el impacto concreto de los artículos en debate. En ese sentido, sostuvo que «no es lo mismo gobernar con estos 135 artículos que sin estos 135 artículos» y que por lo tanto el resultado «va a incidir» en el gobierno.

Sin embargo, el presidente también dejó en claro que la agenda de su administración debe seguir el rumbo marcado sea cual sea el resultado del próximo domingo. «Hemos asumido un compromiso con la ciudadanía y no podemos cambiar», sentenció, aunque luego dejó en claro que su sensación es que hay «una mayoría silenciosa que quiere que las cosas se hagan» y que «no quiere volver atrás».

En caso de que triunfe la opción celeste, Lacalle Pou dijo que no lo interpretará como un triunfo. «Es una ratificación de una herramienta legal», describió, antes de subrayar que «no será para festejar».

El mandatario llamó a los uruguayos a concurrir a las urnas en paz y con serenidad, pero enfatizó, como mensaje final, que la LUC fue pensada para «el bien de todos los uruguayos».





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