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Dumbo: Un elefante que no voló.

A Tim Burton no podemos negarle una condición de autor en mayúsculas, con un sello inconfundible y difícilmente imitable que ha estado presente prácticamente en la totalidad de su carrera. El “gen Burton”, ese que no estuvo presente en en “Dumbo“, una nueva adaptación live action de Disney que vuelve a verse incapaz de capturar la magia del clásico animado que versiona.

A excepción de la fantástica adaptación de “El libro de la selva” que dirigió Jon Favreau en el 2016, la trayectoria de Disney en el territorio de los remakes en live action de sus obras animadas se ha visto marcada por los errores comunes —que van de unos tratamientos visuales excesivos y trasnochados a unas narrativas pobres y poco inspiradas— y por una ineptitud a la hora de alcanzar los niveles de genio y calidad del material original; lo cual se traduce en largometrajes que no logran funcionar plenamente si no se tiene en cuenta su procedencia.

Dumbo: Un elefante que no voló. 1

El caso de “Dumbo” no es una excepción y la primera pista de ello la da un diseño de producción en el que vuelve a reinar el exceso. Nos encontramos, ante un CGI de dudoso sentido de la estética en el que predominan unos obvios escenarios artificiales, todo ello presidido por un tratamiento de la luz y el color que no termina de encajar, salvo en las escenas en las que Burton toma las riendas y se adueña del control creativo.

La devoción del cineasta californiano por los personajes inadaptados en un mundo que no les comprende vuelve a hacer acto de presencia para brillar y redimensionar la historia del tierno elefante orejudo, pero, rápidamente, el aroma a originalidad vuelve a diluirse en la enésima creación artificial de la maquinaria de un gran estudio.

La mayor representación de todo esto la encontramos en un plano tratamiento de personajes, que exhiben una previsibilidad en sus conductas que termina con toda posibilidad de sorpresa. Algo a lo que habría que sumar la decepción de que, en contraposición al filme de 1941, Dumbo quede relegado a la condición de personaje principal, cobrando todo el protagonismo unos humanos insípidos en líneas generales.

Resulta chocante ver cómo, durante alguno de los pasajes de “Dumbo“, Burton parece aprovechar los devenires argumentales del filme, que enfrentan al pequeño circo regentado por el personaje de Danny DeVito y a la gran empresa del entretenimiento del magnate interpretado por Michael Keaton, para elaborar un discurso que parece morder la mano que le está dando de comer. Entre líneas puede percibirse un irónico subtexto que ataca el modo en que las corporaciones tratan de devorar las creaciones más personales y minoritarias para alcanzar la hegemonía de la industria a toda costa; sin duda, lo mejor de la película.

Más allá de todo, tiene algunos aciertos y cuenta con un buen reparto en líneas generales que oscila entre el talento de una Eva Green tan maravillosa como de costumbre y la excentricidad de un Keaton que roza lo insoportable, poco más puede ofrecer esta nueva live action de Disney que parece no querer dar el brazo a torcer y seguir explotando a otra de sus gallinas de los huevos de oro. Aunque esto implique transformar películas de una emotividad tan enorme como la “Dumbo” en gélidos artificios planificados al milímetro incapaces de, tan siquiera, emocionar por unos minutos.

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