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cómo se navegaron las crisis en Uruguay

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cómo se navegaron las crisis en Uruguay


El día que Luis Lacalle Pou se puso la banda presidencial, el mandatario dijo con cierto tinte de emoción que al día siguiente arrancaría “un gobierno que no va a descansar”. La frase se convirtió en profecía a tal punto que a los pocos días se confirmaron los primeros casos de coronavirus y la hoja de ruta cambió drásticamente. Cuando la emergencia sanitaria quedó atrás, el oficialismo quedó frente a un nuevo estorbo: la creciente presión inflacionaria.

Con el objetivo de “poner más plata en los bolsillos de los uruguayos”, el presidente anunció el lunes pasado un aumento adicional en las jubilaciones y en los salarios públicos, medidas que desde la oposición fueron cuestionadas por ser “insuficientes” y por llegar tarde, que no mitigan la caída del salario real.

Después de más de dos años de pandemia con sus consecuencias sociales y económicas, a lo que se le sumó el impacto por la invasión rusa en Ucrania, el aumento de precios en los principales productos de consumo básico se consolidó, lo que retrotrajo el fraccionamiento de alimentos en pequeños comercios, una vieja usanza que volvió a estar en la discusión política y que memoran a otros momentos de crisis en Uruguay.

Pero los coletazos, los efectos y las circunstancias de las crisis económicas que el país atravesó en las últimas décadas, en particular la de 2002, guardan diferencias con la que desató la irrupción del coronavirus y el contexto internacional. Lo mismo sucede con las reacciones políticas que cada gobierno procesó ante los avatares económicos que sufrieron los uruguayos en el siglo XXI.

Crisis y consecuencias diferentes

En la llegada del coronavirus y en sus resultados inmediatos poco pudo hacer el gobierno de Lacalle Pou. Como en un efecto dominó, la detección de la enfermedad llevó a tomar acciones para prevenir los contagios y salvaguardar la salud pública, lo que en todo el mundo se concretó con un parón inmediato y sincronizado de la actividad que no tenía antecedentes.

El destino de Uruguay no fue distinto: el shock en la oferta se tradujo después en un shock de la demanda tras los golpes en los ingresos y en el número de trabajadores activos. Si bien el cierre fue parcial en este punto del mapa, el 2020 puso fin a 17 años de crecimiento ininterrumpido en la economía uruguaya.

Varios comercios bajaron la persiana ante la detección de los primeros casos.

Pero la recuperación también fue más acelerada, en comparación con otras regiones y también con la historia reciente del Uruguay, donde la última gran crisis de 2002 causó afectaciones más profundas y duraderas. “La pandemia generó una crisis más aguda y generalizada, pero fue mucho más corta y transitoria”, explicó a El Observador el experto en historia económica Gabriel Oddone.

Hace 20 años todos los indicadores se deterioraron, pero Uruguay ya venía transitando por un período con una economía atravesada por caídas sucesivas. Con una fuerte dependencia de los vecinos en materia de exportación, las crisis en Brasil y Argentina solo complicaron las cosas del gobierno de Jorge Batlle. «Riesgo región en alza», titulaba El Observador en una de sus páginas de aquel entonces. El presidente colorado se enfrentó también con otras afectaciones como el brote de aftosa, lo que comprometió la exportación de uno de sus principales productos en el entorno del 10%.

Jorge Batlle y el vicepresidente Hierro López junto al gabinete.

Sin embargo, a los vaivenes internacionales se le sumaron causas locales que afectaron la credibilidad del sistema bancario: “Nosotros no nos preparamos adecuadamente para un cambio de escenario de la realidad macroeconómica”, indicó Oddone , y aunque reconoció el papel que jugó la región, también enfatizó en que en Uruguay “se había barrido bajo la alfombra durante mucho tiempo”. El economista Nicolás Cichevski hizo una valoración similar y explicó a El Observador que la falta de regulación del sistema comprometió los resultados. La política que ahora obsesiona al gobierno de combatir la inflación era, también, la de la administración colorada, pero ese objetivo quedó por el camino para hacer frente a la crisis bancaria.

El Observador escribía por esos días: «La aguda crisis por la que atraviesa el país se ha venido reflejado en varios indicadores que han empeorado fuertemente en los últimos años, y en algunos casos alcanzaron niveles récord. Los más nombrados en los titulares de los diarios y los informativos fueron la recesión, el desempleo, el déficit fiscal, la caída de los depósitos, etc. Sin embargo, existe un flagelo que se instala cada vez con más fuerza y que tiene consecuencias muy profundas en la sociedad: es el aumento de la pobreza de las personas y de los hogares uruguayos».

La fragilidad del sistema bancario fue un punto clave en la crisis de 2002.

Ese año hubo en promedio 211.300 desocupados y el PBI registró una caída de 7,7% en 2002 que solo acompañaba la tendencia en picada que venía procesando desde hacía tres años, muy lejos de los números que Uruguay se anotó durante la gestión de la crisis sanitaria. De hecho, en la última medición del Banco Central, la economía continuó su senda de recuperación en el cuarto trimestre del año pasado con una expansión del 4,4% en 2021.

Según Cichevski, a mitad del año pasado Uruguay empezó a tener un escenario favorable por el sector agroexportador. “Las condiciones financieras y los precios de commodities nos pusieron de vuelta en una situación de viento de cola”, consideró. Algo similar ocurrió en 2004, cuando el aumento en este sector encaminó una recuperación económica para el país.

Pero la pendiente estaba marcada. El 2002 significó en términos políticos la implosión de la popularidad de Batlle que arrastró también al Partido Colorado a magras votaciones de las que todavía le cuesta recuperarse. A Lacalle Pou, sin embargo, la gestión de la pandemia le extendió la luna de miel en sus niveles de popularidad.

Sin embargo, más allá de lo que ocurrió hace 20 años y en los últimos dos por la irrupción del coronavirus, en lo que va del nuevo milenio también hubo otras vicisitudes económicos que dejaron sus golpes en el resto del mundo. El caso más elocuente es el de la crisis financiera de 2008 que afectó principalmente a Estados Unidos y Europa, pero en el que Uruguay apenas causó “algunas turbulencias” con una desaceleración en el ritmo de crecimiento que se revirtió rápidamente. El último día de aquel año, El Observador expuso en sus páginas de Agro las condiciones que afectaban a los gigantes de entonces y habló de un «tsunami» para las economías dependientes, pero por este lado solo fueron unas pocas olas grandes.

La popularidad de Lacalle Pou se fortaleció por la gestión de la pandemia.

La dependencia regional había virado. El eje de las exportaciones ya no estaban en los vecinos y miraban ahora a China, el principal comprador de América Latina que venía creciendo en torno al 10% todos los años. “Eso amortiguó los impactos financieros y generó que rápidamente el ciclo de los commodities tuviera un impulso”, indicó Cichevski. Oddone, a su vez, sentenció que “cuando se produjeron los golpazos a nivel internacional, solo se fortalecieron los países exportadores”.

Reacciones también disímiles

Tanto el gobierno de Lacalle Pou como el de Batlle debieron hacer frente a las consecuencias que dejaron las respectivas crisis que les tocó conducir. Y lo hicieron de manera distinta, en parte porque los contextos y las posibilidades que había en uno y otro período también relegaban características distintas.

La coalición multicolor que llegó al poder con una fuerte vocación de reducir el gasto por un alto déficit fiscal creó el Fondo Covid en el que se invirtieron US$ 1.820 millones durante los primeros dos años de pandemia para atender, además de vacunas e hisopados, los efectos sociales de la crisis sanitaria. La situación económica sincronizada en caída en todo el planeta hizo que las tasas de interés bajaran y la reacción de aumentar el gasto fue compartida. Eso no ocurrió en 2002, en parte porque Uruguay era uno de los peores de la clase y los organismos internacionales observaban con cautela sus condiciones financieras.

Los saqueos debido a la crisis económica de 2002

Según aseguró Oddone, hace 20 años el país “no tenía margen para destinar recursos” por la “gravedad de la situación” que era bastante más estructural y por las “exigencias del Fondo Monetario Internacional” que dejaron a Batlle contra las cuerdas en un contexto de estancamiento y caída.

El gasto público social se resquebrajó en el PBI a partir de la segunda mitad del gobierno colorado. De acuerdo con los datos de la Cepal, en 2002 la inversión representó el 10,6% y luego se fue al piso del 8% en 2005, por debajo de la del resto del continente para luego repuntar y subir al casi 11% tras el primer año de gestión frenteamplista. En ese momento, las cifras se pusieron tres puntos por encima en comparación con el promedio de América Latina.

La llegada de la izquierda marcó un hito en la historia del país.

Apenas asumió Tabaré Vázquez, el Poder Ejecutivo remitió el proyecto de ley que creó el Ministerio de Desarrollo Social (Mides), algo que marcó la impronta de la gestión de izquierda y que para los expertos fue fundamental para sellar una diferencia respecto a la gestión de la crisis por el coronavirus. “El solo hecho de que haya alguien sentado en el gabinete que pide recursos para los sectores vulnerables hace que la situación no tenga nada que ver”, precisó Oddone. A su vez, Cichevski consideró que esto permitió a Lacalle Pou tener “otro tipo de herramientas” porque las transferencias sociales lograron institucionalizarse con la cartera liderada en primera instancia por Marina Arismendi; lo mismo con el Sistema Nacional Integrado de Salud.

El Mides fue creado mediante una ley de urgente consideración

Dado el agravamiento de la situación económica y aún con guarismos como el desempleo y la pobreza que se extendían, el gobierno colorado aplicó sucesivos ajustes impositivos ante la necesidad de aumentar la recaudación, mientras que la coalición multicolor logró sostener su compromiso de no subir los impuestos a pesar de la crisis sanitaria. Con el último anuncio de Lacalle Pou, además, el oficialismo buscó que los uruguayos no perdieran poder adquisitivo, aunque para la oposición las medidas no fueron suficientes, una tónica que fue repetida respecto a las erogaciones a los sectores más vulnerables durante toda la pandemia.

En cualquier caso, otro de los elementos diferenciadores tenía que ver con los Consejos de Salarios que se reinstalaron con la llegada del Frente Amplio al gobierno en 2005, luego de haber sido levantados por la administración del padre del actual presidente. Según Cichevski, surgieron “en un momento donde” el país se estaba “recuperando de la crisis de 2002” y que en plena pandemia marcaron “un buen ámbito de interlocución sobre todo a mediados de 2020”.

Además, según un informe de la Asociación Uruguaya de Historia Económica (Audhe), entre 2002 y 2005 se registró “una caída en el monto de las erogaciones (de seguros por desempleo)” y aunque la gestión batllista podría haber extendido estas prestaciones, el documento indica, a modo de hipótesis, que eso no se hizo “por no recargar más las ya deficitarias cuentas públicas”. En el caso de la administración multicolor, el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social dispuso el establecimiento de una cobertura especial parcial que, luego de varias postergaciones, continúa vigente hasta junio de este año.

El ministro Pablo Mieres y el presidente Lacalle

El rol de las commodities

En el país agroexportador con más vacas que personas, el valor de las materias primas siempre tiene un impacto sustantivo en la vida económica nacional. Eso quedó de manifiesto en la década de bonanza que estuvo aparejada al sucesivo crecimiento chino.

Pero luego de la pandemia y con un gigante asiático que se recuperó rápidamente –siendo uno de los principales destinos de muchos países–, que se sumó a las bajas tasas de interés y al debilitamiento del dólar, el Dow Jones Commodity Index que mide los precios de las commodities subió 9,7% hasta febrero y 16,2% en comparación con diciembre de 2021. En ese sentido, Oddone explicó que los costos “son claves para acompañar la suerte del país”, algo que ya se refleja en la recuperación económica pospandemia con la carne vacuna en sus mejores niveles de las últimas dos décadas y un valor de la soja de casi US$ 600 millones por tonelada.

Consultados los expertos respecto al derrame de esta realidad en otros sectores de la actividad económica, tanto Oddone como Cichevski consideraron que la bifurcación se da de una manera más lenta respecto a otros grupos. El doctor en historia económica aseguró a El Observador que los agroexportadores “tiran con ciclos largos porque las cosechas duran un trimestre: para lograr que note necesitás dos o tres años”, fundamentó.

En 2002, estos niveles estaban en precios mucho más bajos incluso que los que se registraron en Uruguay tras la desaceleración del crecimiento que se comenzó a procesar a mediados de la década anterior.





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