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Barras bravas: ¿cómo sigue la investigación sobre los vínculos de Schiappacasse?

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Barras bravas: ¿cómo sigue la investigación sobre los vínculos de Schiappacasse?


El celular que le incautaron a Nicolás Schiappacasse sigue siendo objeto de investigación para la Fiscalía. Semanas atrás, la fiscal de Maldonado Carolina Dean se reunió con el fiscal de Flagrancia Fernando Romano y le derivó la pata capitalina del caso. Auxiliados por la Comisión para la Prevención, Control y Erradicación de la Violencia en el Deporte (dependiente del Ministerio del Interior), promueven una investigación de largo aliento sobre las vinculaciones que surgieron del teléfono del futbolista.  

Según supo El Observador, en Montevideo se indaga sobre posibles vínculos con personas que se dediquen al tráfico de estupefacientes o armas. «Los hechos después me dieron la razón, porque lo de Schiappacasse no fue un tema menor. Si hubiera ingresado el arma, no digo que hubiera pasado algo dentro del estadio, pero afuera del estadio seguramente sí», había dicho Romano en una entrevista que La Diaria publicó el pasado 24 de marzo. 

Hay cuestiones del mismo caso que aún no se han podido determinar; por ejemplo, quién le dio al jugador el arma hurtada que portaba cuando fue detenido. En el celular de Schiappacasse se encontró a personas vinculadas a las barras bravas en los dos departamentos.  

La fiscal Dean señaló a El Observador la semana pasada que apunta a desentrañar la red de los delitos relacionados al fútbol. También dijo que el jugador estaba «muy arrepentido» de lo que había hecho. En el dispositivo había numerosas fotos de él posando junto a distintas armas, que permitió comprobar que las llevó con él en lugares públicos como partidos de fútbol. 

La versión del jugador y la mirada de la Justicia

«Se dijo mucho que era para determinada gente de Peñarol y eso no es verdad. La tenía para uso personal porque últimamente había recibido amenazas e intentos de robo y temía por mi vida y por mi familia. Nunca quise fomentar esa violencia que se dijo entre la parcialidad de Peñarol y Nacional ni en el deporte de Uruguay. Simplemente me transportaba con un arma ilegal. No sabía que era robada», dijo Schiappacasse en rueda de prensa tras su primer entrenamiento en el Tanque Sisley. 

Fuentes judiciales señalaron a El Observador que de los mensajes del jugador se desprende un claro vínculo con la barra brava de Peñarol. De hecho, él llegó a darles dinero para realizar pintadas. Sin embargo, Schiappacasse resaltó que «el vínculo que tenía con la hinchada de Peñarol no era personal, sino el normal» cuando iban a Los Aromos a pedir «un video o una camiseta». 

Según leyó Dean en audiencia, el 11 de octubre del año pasado, mandó fotos de dos pistolas semiautomáticas y expresó: “Me la quiere vender un milico amigo de mamá, me la deja a mil, creo”. Dos días después, mandó otra foto de la pistola y puso: “Que se agarre la gallina”.

Casi un mes después, el 10 de noviembre, conversó con otra persona a la que le dijo que le había prestado una pistola a un tercero. Días más tarde y chateando con otro joven, le preguntó: “¿La nueve la usaste?”. “No, hermano, tiene todos los cosos que vos me diste”, le respondieron.

En otro mensaje, hay drogas de por medio. Un contacto agendado como “Mamá Uruguay” le envía un audio reclamándole que se cree narcotraficante. Le envió: “Va a saltar mierda por un porro y dos balas que tirás te hacés el bandido”.





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