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Alfonsina Maldonado, la jinete que luchó contra la discapacidad, cumplió su sueño y presenta las transmisiones de las Criollas por TV Ciudad

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Alfonsina Maldonado, la jinete que luchó contra la discapacidad, cumplió su sueño y presenta las transmisiones de las Criollas por TV Ciudad


A sus 37 años, Alfonsina Maldonado sabe que, a raíz del accidente que la llevó a perder la mano izquierda, tendrá que hacer deporte de por vida para que la piel no se le encoja. Es por eso que se sigue levantando a las 4.30 para meditar, tomar mate y empezar el día con ejercicios que la ayuden a estar en forma, como cuando empezaba su carrera. 

«Hago un entrenamiento físico todos los días porque tengo dolor crónico, y las personas que somos quemadas tenemos tendencia a que los músculos se nos acorten. Una de las características que tiene esta convivencia es la disciplina que hay que tener para tener una mejor calidad de vida, pero aparte soy deportista. Me encanta el amanecer y, me acueste a la hora que me acueste, (siempre) me voy a levantar a esa hora», dijo recientemente en TV Ciudad.

A esa rutina activa y compacta se le sumó hace muy poco tiempo una actividad más, que la obliga a mantener la quietud de a ratos: la televisión. Desde el pasado domingo, la floridense deja por momentos a un lado su rol de equitadora para calzarse el traje de panelista. Delante de cámaras, participa de la transmisión de la Semana de la Criolla de Montevideo por el canal TV Ciudad y a veces salta a la cancha para hacer de entrevistadora.

«El sábado hicimos un ensayo porque obviamente no soy periodista. Mi contacto es desde mi lado de jinete y también desde mis conocimientos de ser una persona que vivió toda la vida en el campo», contó a El Observador. «Participo de los pequeños clips que se hacen por la mañana con el personal encargado de la Rural del Prado. Luego estoy en el ruedo, con los jinetes y la Vuelta de Honor, y hago un poco de la previa en estudio», agregó.

Entre sus aportes aparecen recuerdos de la niña que quería llegar a ser una amazona y competir para representar a su país; también se cuelan las vivencias de su paso por Europa, cuando a los 20 años decidió dejar su casa, familia y amigos e irse a cumplir su sueño. Además, hay espacio para bromas, risas e intercambios con sus compañeros de transmisión.

«Me hacen sentir como en casa, me cuidan muchísimo. No sé cómo explicarlo en palabras, pero esa delicadeza a la hora de preguntarme ciertas cosas me emociona. La devolución del público con mi rol acá es muy bonito, así que estoy muy agradecida», expresó, emocionada.

E insistió: «Me he sentido muy valorada y muy respetada por toda esta gente del campo y de los caballos. Eso para mí no tiene precio, pero sobre todo el cariño de los jinetes me emociona muchísimo. Estoy haciendo la transmisión y cada vez que tengo que transmitir una Vuelta de Honor me emociona. Me emociona verlos dar esa vuelta con la bandera de Uruguay por lo que significa para todos ellos. Es un ambiente de familia. Esto es un deporte. Ellos, aunque muchos no lo vean así, son deportistas y acá se respetan y se cuidan muchísimo entre ellos».

Nuevas metas

Con la llegada de la pandemia, Maldonado abandonó Europa y se volvió a Uruguay. Desde su regreso, comenzó a pensar en la posibilidad de ganar una medalla en los próximos Juegos Olímpicos de París –previstos para 2024– y ya no solo en participar. Para eso comenzó a prepararse.

Tras una frustrada postulación en Londres 2012, la deportista cumplió el objetivo de ser atleta olímpica en los Juegos de Río 2016, pero ahora va por más: aspira a conseguir los sponsors necesarios para viajar y alcanzar el podio.

Mientras continúa con la preparación, suma apariciones televisivas e intercala conferencias en las que se refiere a su historia. Una de sus últimas fue a fines de febrero, en una unidad de quemados del Hospital Pereira Rossell, donde dio una charla motivacional.

“Decidí agarrar nuevamente mis maletas para irme, representar a Uruguay en los próximos juegos de París, pero esta vez no como una chica que sueña, sino como una deportista que se quiere ganar una medalla. Esa medalla se la quiere dedicar a sus doctores y a los doctores que salvan tantas vidas, para mí son los verdaderos olímpicos”, dijo por entonces.

Se define como una «maniática histérica» de la competición y dice que para pedir ayuda es «muy exquisita». Compite en caballos adultos y está en busca de patrocinios para poder dedicarse solo a entrenar.

Su historia

Alfonsina Maldonado nació en el departamento de Florida, el 9 de diciembre de 1984. Seis meses después su vida cambiaría para siempre. El 1º de mayo viajó junto a sus padres, Jorge y Marisa, y su hermana mayor a Montevideo a visitar a unos amigos. Esa noche había tormenta, y la casa se había quedado sin electricidad. Marisa acostó a Alfonsina en uno de los cuartos y dejó encendida una vela. Al rato sintieron que la bebé lloraba.

Sus padres corrieron al cuarto pero cuando llegaron ya estaba todo en llamas. La quemadura fue de primer grado en todo el lado izquierdo de su cuerpo (incluida su cabeza). Finalmente el saldo fue la pérdida de su mano izquierda. “Siempre digo que fue ahí donde comenzó la historia de mi vida. Estuve 32 días en coma y los médicos no creían que fuera a sobrevivir”, relató en una entrevista con la revista Seisgrados en 2014.

Durante un año y medio, Maldonado vivió dentro de una burbuja (ya que era parte del tratamiento) y hasta los cinco años estuvo internada en la Unidad de Quemados del Hospital Militar. “Los tratamientos eran realmente invasivos e intensos. Viví prácticamente en un coma inducido porque los calmantes eran tan fuertes que quedaba totalmente inconsciente. Imaginate que te hagan tres raspajes al día, que tengas inyectado el suero en el cuello o en el pie, y que te alimenten por sondas, todo esto siendo una bebé”, recordó.

En total, Maldonado afrontó 17 cirugías, algunas que llegaban a durar hasta ocho horas. 

Los tratamientos eran realmente invasivos e intensos. Viví prácticamente en un coma inducido porque los calmantes eran tan fuertes que quedaba totalmente inconsciente

Su relación con los caballos siempre fue muy estrecha. Su familia vivió toda la vida en el campo, por lo que ella desde que tiene memoria sabe montar y los días en los cuales le daban “vacaciones” del hospital se la pasaba cabalgando. “Todos íbamos a caballo a la escuela porque teníamos que cruzar el campo y hasta un arroyo. Los días que llovía no había clases porque el arroyo estaba crecido”, dice en la entrevista.

Desde que le dijo a su cirujano que quería ser jinete, la floridense comenzó su carrera detrás de un sueño que persiguió toda su vida para llegar a ser una amazona olímpica y poder representar a su país. “Creé un sueño para olvidar el dolor”, dice. En medio de ese sueño, además, se cruzaron ahora las Criollas y una presencia en la pantalla de TV Ciudad que gana fuerza y personalidad.





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