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«A los participantes de La Voz los abrazo y les digo ‘yo también golpeé puertas para que me conozcan»»

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«A los participantes de La Voz los abrazo y les digo ‘yo también golpeé puertas para que me conozcan»»


Ruben Rada se sienta pero se vuelve a levantar. Busca entre sus cosas. «Ya no se escuchan discos», comenta. Se sienta otra vez en el sillón del living. Canta, tararea y hace bailar los dedos de las manos en el aire. Apenas despertó y ya está hablando de música; lo hace con el entusiasmo de los jóvenes pero con la experiencia de uno de los mejores cantantes de Sudamérica.

«¿Por qué hago esto? Porque quiero que la gente se enamore del candombe«, dice al referirse a su último disco, Candombe, con ayudita de mis amigos. Quiere que las lonjas de Barrio Sur sigan sonando cada vez más lejos, más allá del Río de la Plata e incluso del Océano Atlántico. Para eso paró un equipo ganador y creó un disco de colaboraciones, donde versiona junto a artistas nacionales e internacionales algunos himnos de la música: Pablo Milanés cantando El breve espacio en que no estásFernando Cabrera y El tiempo está después, Coti con Nada de esto fue un error, José Luis Perales con ¿Y cómo es él? o Fito Páez con 11 y 6. Cantó en francés, en italiano, quiso grabar una de los Beatles, Ray Charles y Sinatra.

«Lamento no tener el disco, porque la modalidad de ahora es que sale una canción y hacen un video. Me encantaría darte el disco para que lo puedas escuchar», dice con un Discman que sobrevive sobre el sillón. Encuentra en el teléfono la lista completa y hace sonar una versión candombera de El viejo de La Vela Puerca, que canta con Sebastián Teysera. La fusión es perfecta: las voces, los coros, los tambores, la guitarra, el bandoneón. Ruben Rada es un estandarte del candombe.

«Antes los jóvenes hacíamos un asadito, e igual que con los partidos de fútbol, decíamos salió el último de Spinetta, vamo’ a escucharlo. Escuchábamos el disco entero, analizábamos si estaba bueno o estaba robando la plata. Ahora cantan una canción y no tienen otra más que esa. A los que tienen un tema les viene bárbaro esta época, pero a nosotros no», dice el cantante y compositor, que siempre tiene «un disco más escondido bajo la manga» y de memoria menciona cuatro álbumes que aún no salieron y que no sabe si van a hacerlo algún día. «Soy de la era moderna que detesto».

Ruben Rada recibió a El Observador en su hogar. Entre colecciones de corbatas y cadenas, estatuillas y discos autografiados, fotos familiares y cuadros de Carlos Páez Vilaró, habló sobre su regreso a la televisión como coach de La Voz, su gira por Japón y el show que prepara para el próximo 21 de mayo en el Auditorio Nacional del Sodre. Sobre la mesa del comedor hay un retrato de Ansina, canoso y guerrero: «Estoy igual que el viejo, a semejanza de él», dice el músico y suelta una carcajada.

¿Cómo se gestó tu regreso a la televisión con La Voz?

Cuando apareció La Voz estábamos en plena pandemia. Estuve encerrado como seis meses lavando las frutas, las bolsas y las manos diez veces al día. Tengo tres hijos que son músicos, y Lucila que trabaja como actriz y como conductora también, pero el dinero no les alcanzó para mantenerse y entonces todo salía de acá. Los artistas quedamos todos sin trabajo, no hubo ayuda y fuimos los últimos en poder aparecer. Fue un destrozo económico. Yo no soy mucho de la televisión, aunque trabajé mucho ahí, pero tengo una idea como la de Tato Bores, que aparecía tres meses en televisión y desaparecía. La televisión te chupa. Vas por la calle y te dicen «¿Y, Rada? Hace tiempo que no lo veo. ¿Dónde anda?». Y yo digo, «soy músico, hice tres shows la semana pasada». Pero la gente que vive de la televisión no conoce otra cosa, entonces si yo no estaba en la televisión no existía.

La Voz es un programa maravilloso, se sabe en el mundo entero, y las tres personas que están conmigo, Valeria [Lynch], Agustín [Casanova] y Lucas [Sugo], son personas increíbles. Aunque somos todos distintos nos respetamos mucho, nos divertimos y estoy muy contento. Yo me veo mal, porque me veo veterano al lado de ellos, y los lunes digo «tenés que cambiar Rada, tenés que levantar esa postura». Pero se ve que va bien porque la gente me llama en la calle, me dice que le gusta. Yo soy el único tipo que tira chistes y molesta todo el tiempo, inclusive ellos me piden «Rada, contate un cuento». Grabamos una cantidad de horas y hay que estar siempre atento, con alegría y tratando de dar buenas devoluciones a los pibes. Yo los considero artistas, que no estén ganando dinero, que no trabajen, que no hagan shows o que no sean conocidos no quiere decir que no sean artistas. Les digo: «Tenés que hacer un gran show porque vas a estar en un programa que ni yo, ni Jaime Roos, ni [Fernando] Cabrera ni nadie tuvo nunca en la vida, donde te vean 500 mil personas. Traten de aprovechar este momento, cantar y divertirse». Los abrazo y les digo «soy igual que vos, yo también golpeé puertas para que me conozcan». He hecho de todo, he trabajado en el Show del Mediodía, en Telecataplúm, hice cualquier cosa con tal de llegar. Me junto con ellos antes de cantar y ya van con otra emoción. Le pregunté a cuatro pibes: «¿Vos pensás que sos el mejor cantante del Uruguay?» No lo sabés, nunca lo vas a saber. El mejor cantante de repente no vino al programa.

Ahora tengo un show en el Sodre. Le puse A la vuelta de Japón porque cuando los periodistas me preguntaban qué sentía de ir a Japón les decía que mi alegría fue volver (risas). El viaje a Japón son 14 horas desde España. Llegamos en cuarentena, estuvimos tres días cada músico encerrado en un cuarto y hasta los 14 días nunca pudimos tomar un ómnibus ni ir a una tienda a comprar nada. Después salieron todos y yo me enfermé de la cintura. Conozco Japón solamente por la ventana de los micros, del tren bala, de los aviones y del hotel. Lo que ves es maravilloso. Son 130 millones de personas con una cultura maravillosa, la atención, el respeto de la gente. Lo más lindo de todo este viaje fue hacer bailar candombe a los japoneses.

¿Cómo recibieron nuestra música en Japón?

Fue mucha gente a los conciertos. Eran todos teatros igual que el Sodre, no se puede creer la plata que hizo Japón años atrás. Cada 100 km hay un teatro increíble. Son teatros de dos mil y pico de personas y solamente había 1200, por el aforo, pero hacer 15 conciertos fue algo increíble.

Aprendí algunas palabras: Genki desu ka, es «¿están pasando bien?» y  odorimasho, que quiere decir «párense a bailar». No me dejaban que hiciera eso porque a los japoneses no les gusta mucho que les prendan la luz en el teatro, pero dije «si no hago esto, no sirvo para nada». Quería que la gente viera a Rada con la emoción de cantar las canciones serias y hacerlos divertir. Y los shows terminaban con los japoneses bailando felices. Una veterana que tendría como 100 años me llamó, me acerqué a la punta del escenario y me besó la mano, ¡en época de pandemia!. Se ve que le quedaban dos días y dijo «voy a morir con este negro».

Pasaron cosas muy lindas en los shows, estuvo muy bueno Japón. Llegué destrozado, pero contento. La gente a veces piensa que es mentira pero yo soy uruguayo a muerte y mi forma de defender a Uruguay es ser respetuoso, tocar buena música, divertir y emocionar a la gente. No permito boludeces, la barra mía está acostumbrada a ir a todos lados y somos muy respetuosos a la hora de trabajar. Nos subimos arriba del escenario y subimos a matar, nos brindamos arriba del escenario a muerte.

¿Cómo has visto el proceso de exportación del candombe?

Es lo que quiero hacer. Por eso grabé este disco. A veces le digo a la gente que si estás en Dinamarca, Argentina está en el culo del mundo, pero Uruguay está atrás del culo. Es muy difícil que Uruguay pueda colocarse. Acá solamente exportamos carne o jugadores de fútbol, y la música es difícil porque cuando querés grabar con una compañía como Universal o Emmy te preguntan cuantos discos vendiste en tu país, y los uruguayos a reventar podemos vender 10 o 15 mil discos, y a ellos no les sirve. No se dan cuenta que vender 10 mil discos acá es vender más de 100 mil en Argentina, para el público que hay. Por eso también estamos siempre atrás. Los artistas si no vamos a Argentina nos quedamos acá y con el tiempo terminamos cantando en la feria porque Uruguay no da a basto para tanto artista. No es que el uruguayo no vaya a los espectáculos, es que somos muchos. Vos agarrás la cartelera los fines de semana y está llena.

¿Qué es lo que tiene Uruguay que produce tantos artistas?

Lo que digo yo es que estamos frente a dos monstruos y que para salir adelante tenemos que ser superiores. Y en muchos casos somos superiores. Los Shakers fueron superiores, Los Iracundos, China Zorrilla, Carlos Gardel aunque se enojen los argentinos, Negro Rada, ahora Agustín Casanova, Lucas Sugo. Hemos tirado varias balas importantes de artistas. Es increíble como los uruguayos nos revolvemos y nos tenemos que conformar con ese poco que te da el país. Acá no hay sueldos de 50 mil dólares ni 300 mil dólares como puede cobrar Ricky Martin o el que quieras de afuera, que de repente no es superior a un artista uruguayo pero viene de un país reconocido mundialmente.

Tengo una admiración muy grande por el Uruguay. De hecho estábamos con Hugo Fattoruso y toda la banda en Estados Unidos, y nos vinimos para acá porque sentía que me estaba transformando en un músico norteamericano tocando música uruguaya. Estando acá soy un uruguayo que va a tocar música a Estados Unidos. Es totalmente distinto. Toda la gente que le cuento esto me dice «estás loco, ¿por que no te quedaste allá?». Me vine porque acá soy Rada, acá soy alguien, soy la forma de estar acá, compongo con los árboles o con lo que sea, con los problemas de la gente, tengo mis ideas. Y de acá para el mundo. Hay grandes músicos en Uruguay.

Eso es algo que también se ve en el programa.

¿Vos viste la cantidad de cantantes y todo lo que se toca? Es un disparate.

¿Cómo te sentís en el rol de coach o tutor?

En el rol de coach me siento bien, porque no soy el que decide quién va a ser la mejor voz. Si era así no agarraba. Me llamaron del Carnaval para ser jurado, me llamaron de todos lados y siempre dije que no. No lo soporto. Pero sí hablar con los pibes, contarles parte de mi vida cuando voy a los ensayos con ellos, hacer ese tipo de cosas me encanta. Estar en el programa si sirve lo que hago, si la gente se divierte y la pasamos bien, yo estoy disponible.

¿Te sigue emocionando cuando los participantes suben a cantar tus canciones?

Me da mucha vergüenza. El otro día uno cantó Dedos, y por esa vez me di vuelta porque me sentí halagado de que cantara esa canción y la cantó bastante bien.

¿Qué buscas en los participantes?

Primero que no tengan nervios, que se diviertan y saber si vienen para concursar, para que los vean o porque realmente les gusta la música. Ahí es donde yo digo «¿dónde metemos todos estos músicos?» (Risas).

¿Crees que persiste cierto racismo más o menos sutil en los medios?

Eso está en todas partes. Cuando la gente me pregunta «Rada, ¿en Uruguay hay racismo?», yo digo que donde haya negros, judíos, árabes, verdes, rojos, siempre hay racismo. Racismo, o disfrazado de clasismo: un tipo pobre es un negro. Ese tipo de cosas existen todavía. En esta guerra en Europa están refugiando gente de Ucrania, los llevan a sus casas, pero por qué no refugian gente de Afganistán o a los negros que llegan en los barcos. Es una barbaridad lo que hizo Rusia, pero son blancos, rubios y de ojos celestes, y eso te muestra lo que está pasando con el racismo en el mundo. ¿A tal punto de ser tan clasista de brindarle todo a los ucranianos, darles todo y llevarlos a tu casa, pero no así a los negros, ni los árabes, ni los palestinos, ni a nadie más?

¿Pasa en la sociedad uruguaya?

Aquí pasa también. El racismo es una cosa que viene de la familia. Si a tu hijo de chiquito le enseñás realmente que somos todos iguales, que tenga respeto por la gente y lo llevás a todos lados, ese chiquilín se cría siendo un ser humano claro. Pero vos no querés eso, querés que tu hijo se junte con la gente que vos querés que se junte. Yo por ejemplo me acuerdo de que tenía una novia y que tenía que ir a la casa de ella, y me preguntó qué le iba a decir a los padres sobre que yo era negro. Le dije «no les digas nada, vamos a tu casa, es la forma en que conozca a tus padres y sepa quiénes son». Aparecí yo y casi se mueren, como que había que avisar. Todavía existen esas pelotudeces.

Por eso es importante también la representación en un medio como la televisión, que todavía llega a todas las casas

Claro. Para mí es muy importante estar en ese programa, pero no solamente por negro sino porque es bueno que esté ese crisol en la tele. No hablo de mí, hablo de que acá hay muchos coreanos o japoneses, ¿vos ves algún programa de televisión en el que aparezca un coreano? No hay posibilidades.

Volviendo al próximo show, ¿cómo estás preparando A la vuelta de Japón?

Al venir de Japón tenemos la idea de contar todas las peripecias del pasaje por ese país, lo importante y respetuoso que es el público japonés, y mostrar el repertorio que tocamos. Mostrarles lo que fuimos a hacer, cómo nos fue y lo importante que es la música en el mundo. Canté tango, candombe, hice de todo. La música no tiene fronteras. Es una pelotudez, pero es así. 

¿Cómo se dio la versión de 11 y 6 junto a Fito Páez?

Yo amo a Fito, y Fito me ama a mí. Lo llamé, le dije que tenía la idea de hacer este disco y le encantó. Estábamos en pandemia, entonces él cantó desde Argentina, me mandó la grabación y se filmó en su estudio. Le encantó la versión, se emocionó, me llamó y me dijo: «Negro, el video no tiene desperdicio». No es un video caro, es un video emocionante. El tipo viene a Uruguay y se va a la casa del Lobo [Núñez] y a los tambores. Ama el Uruguay. Igual que Litto Nebbia, que lo veías en el Palacio de la Música comprándose todos los discos de Darnauchans, Larbanois Carrero, de cualquiera. Ama la música uruguaya. Los argentinos tienen un cariño muy grande por nuestra cultura y nosotros los peleamos. Nos tienen en al categoría A. Eso también es clasismo-racismo: están los paraguayos y los bolivianos que son de segunda, pero los uruguayos no. Porcel y Olmedo decían como chiste «fui a un baile y estaba lleno de negros». Y yo decía ¿pero por qué? Y me decían «pero vos no, vos sos negro de verdad no como estos otros negros». Es espantoso eso también, horrible. ¿Me tengo que sentir contento? Ese tipo de cosas pasan, pero el cascarón lo tengo bien duro y sigo cantando canciones de amor, sigo pensando en cosas lindas para la humanidad, y pienso que la música es muy importante para la gente, es sanadora.





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